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Ficción e ideología: cuando solo vemos la paja en el ojo ajeno

Las agendas ideológicas, qué en boga están. Son como muy del 2010, ¿no? Ahora hay un montón de gente haciendo ruido y exigiendo que en los cómics y las pelis salgan mujeres, y gays, y gente negra, y gente trans. Qué cosas, los paladines de la justicia y los caballeros blancos, qué de voces aparecen cuando se les da una cuenta de Twitter desde la que hablar. Y lo peor de todo es que los creadores… ¡les están haciendo caso! ¡Nos quieren meter sus agendas políticas por los ojos!

Cuando un juego como Baldur’s Gate decide introducir un personaje trans como si fuese una persona normal que hace un comentario al respecto si le preguntas por el nombre, los guionistas nos están enviando el mensaje de que las personas trans son personas normales y corrientes que podemos toparnos comprando el pan, yendo a clase o viviendo aventuras por Faerûn. Probablemente, si estás leyendo este blog, estés de acuerdo con este mensaje y consideres que es positivo (aunque, como todo, podría hacerse mejor).

Bueno, pues eso no fue lo que pensó parte de Internet.  Supongo que no tengo que explicaros que parte de Internet apesta a estas alturas, pero eso, que apesta.

Este artículo está fuertemente influenciado por este fantástico vídeo de Bukkuqui

La decisión de introducir diversidad tiene una connotación ideológica innegable; cuando creamos un personaje de una minoría o cuando en una adaptación cambiamos su género, su orientación sexual o su etnia estamos intentando visibilizar y normalizar algo que a nosotros nos parece positivo (y a la parte apestosa de internet no).

Lo que internet no es capaz de distinguir como un acto que refuerza una ideología son las ocasiones en las que un creador *no* refuerza una ideología. Lo que diríamos normal, ¿no? El prota es blanco, la chica es chica, el secundario gracioso es negro, la gente trans da para chiste, el árabe es el villano terrorista y todo acaba como tiene que acabar.

Esas obras, dirán, están exentas de la malvada, malvada crisis ideológica que afecta a la ficción actual.

Bueno, se equivocan.

Kameron Hurley tiene en su libro de ensayos The Geek Feminist Revolution una frase demoledora: “Normal is a story”.

La normalidad es una narrativa reforzada desde todos los mecanismos posibles, sobre todo la educación y el entretenimiento. Es una historia creada por alguien que repetimos como loros hasta pensar que es LA REALIDAD y LA VERDAD.

Lo que se aparta de esa narrativa es a menudo un esfuerzo consciente por parte del creador, pero no contiene ni una gota más ni menos de ideología que la “normalidad”. Lo percibimos como tal porque nos pega en la cara, porque es diferente, porque es nuevo. Nada más.

Cuando los personajes femeninos son relegados al eye candy o al papel de damisela en apuros, se está reforzando la idea de que sirven para eso y solo para eso. Cuando en una historia en la que no hay ningún motivo para que los personajes sean todos blancos lo son, se está reforzando la idea de que ese es el color por defecto, que los personajes que no son blancos no son interesantes, ni humanos, ni tienen experiencias que merezca la pena que todo el mundo conozca.

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¿Qué atropello es este? ¿Por qué hay tanto extranjero? ¿Y esa chica por qué no está fregando algo? (De la Pitufina hablamos otro día, ¿vale?)

 

Todo lo que no desafía el status quo lo refuerza. Todo lo que no se pone en duda se aprueba.

Pero esta claro que el tema de la justicia social es espinoso, que la representación va a generar tanto aplausos como abucheos y que hablar de lo malo que es el comunismo o el fascismo tiene trazas ideológicas muy claras. Tiene que haber algo en lo que no exista una ideología implícita, ¿no? ¡A veces las historias son solo historias!

Sí… pero no. Tal vez estés escribiendo una historia sobre un malvado, malvado rey que oprime a los plebeyos porque es un malvado, malvado rey. Tus protagonistas, los héroes, se levantan en su contra. Que enarbolen una espada, subleven a los plebeyos y entren en el castillo del malvado, malvado rey a sangre y a fuego ya implica una ideología. Tu historia está legitimando la revolución ciudadana en contra de un líder tiránico. Estás justificando las muertes de los soldados del malvado rey a manos de los protagonistas por un bien mayor.

Pero claro, me estás hablando de reyes, de opresión, de levantamiento. ¡Eso es política!

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Vale, vamos con otra. ¿Tu historia tiene romance? ¿Y cómo es? ¿Cuál de los dos tiene el poder? ¿Cómo se tratan los celos? ¿Cómo se trata la dependencia? ¿Se han sentado a tratar las reglas o las han dado por sentado? ¿Qué roles reproducen los dos amantes? ¿Cómo se tratan el uno al otro? ¿Cómo se cuidan? ¿Qué se perdona, qué no? ¿Y cómo lo trata el narrador, qué perspectiva tiene el lector de todo esto?

Lo que nosotros consideramos un romance normal en nuestra sociedad occidental quizá no tenga nada que ver con lo que viven en otras partes del mundo. Quizá en otras culturas el amor esté menos sobrevalorado que aquí y lo que se valore sea la capacidad para fundar una familia estable, o para que un cónyuge cuide del otro, o para que los niños nazcan sanos. O quizá, en lugar de tener relaciones cerradas, los dos amantes consideren sus encuentros como un affaire que no los ata de ninguna manera porque no ven la paternidad y la maternidad igual que los vemos aquí.

Nada existe en el vacío.

Nada está exento de ideología.

Toda obra llevada a cabo por una persona tiene un mensaje implícito, lo sepamos o no. Lo que solemos identificar como político es aquello que choca con nuestra expectativa, nada más.

Sería bueno dejar de acusar a gente de empujar agendas nuevas y plantearnos si no nos habremos estado comiendo las viejas con patatas.

Si lo dice Skin, será verdad.

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25 comments

  1. Piper Valca says:

    Rocío, no puedo más que quitarme el sombrero ante este perfecto y hermoso grito social. Lo triste es que debamos llegar a los extremos de recordarle a las personas que hasta en Matrix había diversidad. Solo falta que en unos años debamos escribir sobre temas tan obvios como que mamá se escribe con m. Señor

  2. Laura says:

    Tal vez no todos los que escribimos intentamos transmitir un mensaje. Tal vez simplemente cogemos una situación hipotética y relatamos una crónica de los hechos que podrían haber ocurrido. Tal vez solo queremos contar una historia, sin ideologías, sin polémicas racistas y sin “panfletarismo” barato 🙂

    • Rocío says:

      Te respondo con citas del mismo artículo:

      “Pero esta claro que el tema de la justicia social es espinoso, que la representación va a generar tanto aplausos como abucheos y que hablar de lo malo que es el comunismo o el fascismo tiene trazas ideológicas muy claras. Tiene que haber algo en lo que no exista una ideología implícita, ¿no? ¡A veces las historias son solo historias!

      Sí… pero no. (…)
      Pero claro, me estás hablando de reyes, de opresión, de levantamiento. ¡Eso es política!

      Vale, vamos con otra. ¿Tu historia tiene romance? ¿Y cómo es? ¿Cuál de los dos tiene el poder? ¿Cómo se tratan los celos? ¿Cómo se trata la dependencia? ¿Se han sentado a tratar las reglas o las han dado por sentado? ¿Qué roles reproducen los dos amantes? ¿Cómo se tratan el uno al otro? ¿Cómo se cuidan? ¿Qué se perdona, qué no? ¿Y cómo lo trata el narrador, qué perspectiva tiene el lector de todo esto?
      (…)
      Nada existe en el vacío.

      Nada está exento de ideología.

      Toda obra llevada a cabo por una persona tiene un mensaje implícito, lo sepamos o no. Lo que solemos identificar como político es aquello que choca con nuestra expectativa, nada más.”

  3. Muy, muy de acuerdo, Rocío. Podemos intentar escribir “sin ideologías”, “sin querer reivindicar nada”, pero creo que eso solo podría hacerlo un robot con generación de palabras aleatorias y una mínima inteligencia para comprender cómo se componen las oraciones según la gramática.

    Creo que ese sería un libro muy aburrido, por cierto.

    Así que, como los que escribimos novelas no somos robots, pues vamos a dejar restos de nuestro propio pensamiento en lo que escribimos. Y puede que nos esforcemos como nadie por no mostrar ninguna ideología, pero es que no seremos conscientes de rasgos que consideramos “normales” y por lo tanto carentes de influencia ideológica. Algo tan simple como dar por sentado que una pareja romántica coincide automáticamente con una pareja sexual (no hablemos ya de exclusividad, por supuesto).

    En fin, que me ha encantado y que yo no lo podría haber dicho mejor ^^

  4. Gaheret says:

    Pues esta vez estoy completamente en desacuerdo. Veamos.

    Coincido en que la narrativa fantástica o fantacientífica, el cómic, los libros, las historias y el arte en general responden siempre a una visión de la vida y un marco de valores, y en que es bueno ser consciente de ellos al leer y escribir. ¿Pero decir que son valores ideológicos per se, con un papel en la lucha por la justicia social? Eso instrumentaliza la narrativa, la pone al servicio de fuerzas externas y la saca de su campo, el contar la historia propia que uno ve brillar a lo lejos y hace crecer y madurar con trabajo y técnica. Pensar crítica y valorativamente en literatura es intentar profundizar en la historia y captar sus valores hondos, lo que justifica la trama, por qué Harry es más fuerte que Voldemort, por qué el Anillo corrompe, por qué el Lado Oscuro es más fácil y rápido, por qué el Patronus vence al Dementor, por qué los elfos se marchan al Oeste o por qué Batman no puede deshacerse del Joker. Pensar ideológicamente en literatura es suponer a priori que todo es algún tipo de panfleto, y distinguir con tips accidentales (hombre negro en el trío principal, un punto, damisela en apuros, menos un punto, rey tiránico nazi, mas dos puntos) si es “de los nuestros” o es “de los otros”. Y eso lastra el juicio -el otro, el de verdad- sobre la obra. Defiendo lo primero, rechazo con todas mis fuerzas lo segundo.

    Doy mi palabra de honor de que una vez leí que en la Ilíada los griegos son de izquierdas y los troyanos de derechas y comentar el “feminismo en Antígona”. Con los escritores es peor: un ilustrado, un marxista o un gender-neofeminista -lo que Harold Bloom llamaba las “escuelas del resentimiento”- que escribe literatura comprometida te lanza al rostro la suposición de que lo que importa de verdad es el progreso o la revolución, que todo lo demás es “superestructura” para enmascarar la lucha, así que no me vengas con historias y pon un hongo del Supermario que diga “soy trans, no votes a Trump”. Dickens o Dostoievsky tienen sus compromisos sociales, y muchas veces su obra viene inspirada por algo que ofende su agudo sentido de la justicia –la dureza del hospicio en Oliver Twist, la lentitud de la justicia en Casa Desolada, la persecuciones en Barnaby Rudge, la crisis de la idea rusa en El Adolescente, la prisión de la Casa de los Muertos-, pero no se queda ahí, trasciende, se hace vivencia literaria, sus personajes van más allá, la situación progresa hacia donde ellos la guían. Dostoievsky y Dickens –Homero, Shakespeare, los Grimm, Carroll, Tolkien, Lewis, Lucas, Ende, Rowling, Walter Miller, Wynne Jones o Scott Card, por ejemplo- no son, en cuanto escritores, gente de izquierdas y derechas, progresistas y reaccionarios, feministas y antifeministas. Pensarán lo que piensen, y eso encontrará reflejo en sus obras. Pero ellos son gente que ilumina y encarna el mito, y ese mito no se deja encerrar en palabras como esas.

    Los panfletos son panfletos: los aceptas o los rechazas según de qué bando seas. La fantasía nace muchas veces de las leyendas antiguas y el folklore local: es completamente razonable que los personajes nórdicos del Señor de los Anillos sean blancos sin excepción, porque blancos eran los personajes legendarios de la Inglaterra sajona, el mundo de Thor y Odín, los mitos celtas sobre la Otra Gente y la Atlántida y aún los ingleses del tiempo de Tokien. Las razas allí son elfos, enanos, hombres del bosque, hobbits, Dúnedain y hombres nativos, ents, orcos, trolls. Si veo, pongamos, Mononoke o Kino´s Journey, todos serán japoneses del profundo y salvaje Japón medieval hecho mito, y yo viviré sus aventuras como si lo fuera también. Si leo el Libro de la Selva, los personajes son todos indios, si es el Legado del Rey Tsongor, africanos, Atreyu el de la Historia Interminable es un pielverde, en El Gólem son judíos y en El Juego de Ender cada uno es de un lugar de la Tierra, y es porque tiene sentido que lo sean: vamos a La voz de los muertos y lo que hay son brasileños y aliens. Un grupo puede incluir o no incluir mujeres –u hombres-, todo está en su lógica interna y la historia a contar. Porque bien jugada, la fantasía conecta con fuerzas profundas (el viaje del héroe, por ejemplo), el mundo tal como lo vemos, los sueños de otro mundo, trasciende las culturas y queda como un testimonio de lo que es ser humano y encontrar la maravilla. Discriminar es ver sólo el sexo y el color de la piel, y sacar tus conclusiones de ahí.

    Una de las cosas que más valoro de la fantasía medievalista es la recreación de lo que Lewis llamaba The Discarded Image, el modelo imaginario bajomedieval, un mundo poblado por los seres del Bestiario, que recibe la sabiduría de edades pretéritas e Imperios en ruinas, constituido bajo las bóvedas celestes luminosas y oscuras de Dante, donde el cuerpo se piensa teniendo en mente a Galeno, la química tiene bastante de magia y se busca un ideal del amor cortés, donde puede haber especulación sobre los Longaevi o la posible conexión entre los modernos y los seres míticos del mundo celta o los troyanos de la Eneida (Historia Regnum Britannie): creo que esa forma de pensar la realidad refleja mucho de lo que hemos perdido en la Modernidad, la imagen de un mundo con sentido mítico que lleva a ver el Universo como una inmensa sopa de garbanzos que se le hubiera caído a alguien. Disfruto de las obras que me producen la misma sensación, y si la época tiene elementos que ahora son políticamente incorrectos, lo siento, no quiero un filtro ideológico.

    Hay que entrar al mundo, y juzgar desde dentro. Porque en fantasía puede haber una raza intrínsecamente malvada, como los dementores o los Uruk-hai, y esa no es una idea racista: racismo es el estereotipo injusto, y en el contexto de esos mundos no lo es. La chica en apuros tiene un componente mítico, responde a una realidad histórica que uno puede retratar y tiene una tradición literaria en la literatura fantástica, y en su contexto no tiene por qué ser una figura denigrante ni reductiva: Ginny Weasley es Ginny Weasley, y Harry la salva en la Cámara Secreta. Y qué. Lo mismo que el amor romántico de caballero y dama, o de Romeo y Julieta. Lo mismo que la madrastra, el malvado consejero, el tío ambicioso, el profesor cretino, el tirano oscuro, el matón del instituto o el príncipe insatisfecho con la vida de la Corte que se queda prendado de una campesina: son respuestas míticas a situaciones humanas, a veces históricas, a veces emocionales. Se debe valorar lo que se escribe por su mérito literario intrínseco y su coherencia con la obra, no por su papel en la Guerra del Pensamiento. Si no, queda lo que queda: una galería de variantes de los nazis en el papel del villano, repetida hasta el agotamiento (¿es que no hay otros tipos de mal, el que seduce, el que viene de tus propias filas, el imprudente e irresponsable, el de tener razón e ir demasiado lejos?), y un grupo “diverso” y anodino de personajes que no son diversos por dentro, Corredor del Laberinto, ejem, siempre con alguna Lara Croft de por medio que hace cosas que su figura y sus músculos no le permitirían hacer, y lo que suele denominarse un Mary Sue del signo ideológico que a uno le guste. Después de todo, ¿quién no necesita soltarse enérgicamente de la mano de otro en plena persecución del Imperio, o vencer a un Señor del Sith sin ningún entrenamiento? ¿Por qué no alterar el esquema del Imperio para meter una Sargento con capa a la que los buenos puedan despedazar en la trituradora?

    Si vas a hacer una alegoría explícita o implícita del mundo real entonces de acuerdo, es tu obligación investigar lo que retratas para evitar hacer una parodia burda (porque una alegoría es una explicación). Si no, los términos son los de la historia. Si no hay gente trans, albinos o aborígenes australianos, pues no los hay y listo, y forzar lo contrario es interferir con la creación. Si tu héroe o tu trama es inmoral –si, dentro de la historia, asesina a quien no le cae bien, se mete con los otros porque sí, tortura al malo con inmenso placer, insiste en tenerlo todo bajo control o se mete en un pacto fáustico-, entonces le criticaré: no me obligo a aceptar tus valores, pero sí a entrar en tu mundo, que debe tener sus propias reglas. Para mí, la Compañía del Anillo es un grupo enormemente diverso, como Han, Luke, Kenobi, Chewbacca y Leia. Perspectivas opuestas, trasfondos diferentes, caracteres, ideas, razas y culturas distintas obligadas a convivir.

    Rogue One me gustó, francamente: me pareció digna, interesante, buen retrato de la vida bajo el Imperio, sus intrigas internas y la maquinaria de guerra de Palpatine, los dilemas de una Alianza Rebelde que está cerca de ser un grupo terrorista, y no tiene tan claro qué la hace diferente o de un oficial que colabora en un arma de destrucción masiva para introducir en ella un punto débil, la cuestión de usuarios no Jedi de la Fuerza. Todo lo demás, sencillamente, para mí ni quita ni pone: Star Wars retrata una Galaxia inmensa llena de razas alienígenas y con algunos humanos que participan de la misma cultura, la de Tatooine o Coruscant o el Imperio o Naboo. Y si quiero verla desde el prisma del racismo, me centro en los Naboo y los Gungan, porque es el único sitio donde se plantea el choque cultural y racial. Un saludo.

    • Rocío says:

      Madre mía, menudo comentario. Voy a desgranar como pueda, deséame suerte:

      >¿Pero decir que son valores ideológicos per se, con un papel en la lucha por la justicia social? Eso instrumentaliza la narrativa, la pone al servicio de fuerzas externas y la saca de su campo, el contar la historia propia que uno ve brillar a lo lejos y hace crecer y madurar con trabajo y técnica.

      Yo pienso que sí, que todo lo que consumimos afecta a nuestro entramado ideológico y de la sociedad. No necesariamente sobre la justicia social (en mi post no hablo solo sobre ello), sino sobre la política socioeconómica que se aplica a nuestras vidas. Como puedes ver en el vídeo de Bukkuqui que he enlazado, en los Sims (un juego de casitas de toda la vida) se “gana” cumpliendo el sueño americano. Esa es una ideología, nos pongamos como nos pongamos.

      >Pensar ideológicamente en literatura es suponer a priori que todo es algún tipo de panfleto, y distinguir con tips accidentales (hombre negro en el trío principal, un punto, damisela en apuros, menos un punto, rey tiránico nazi, mas dos puntos) si es “de los nuestros” o es “de los otros”.

      Oh, no hay que polarizar tanto. Te sorprendería leer cómo se destripan contenidos buenistas con críticas interseccionales. (“Esto está bien, pero podría ser mejor si…”).

      >Doy mi palabra de honor de que una vez leí que en la Ilíada los griegos son de izquierdas y los troyanos de derechas y comentar el “feminismo en Antígona”.

      No se puede aplicar un binarismo político actual a las polis griegas. Sobre el feminismo, sí. Creo que es relevante.

      >Pensarán lo que piensen, y eso encontrará reflejo en sus obras. Pero ellos son gente que ilumina y encarna el mito, y ese mito no se deja encerrar en palabras como esas.

      De reflejo en sus obras hablo. No de panfletos, necesariamente.

      >Porque en fantasía puede haber una raza intrínsecamente malvada, como los dementores o los Uruk-hai, y esa no es una idea racista: racismo es el estereotipo injusto, y en el contexto de esos mundos no lo es.

      Esos mundos han sido creados por personas de este. Es completamente lógico que se traspasen ideas de uno a otro, y que se pueda hacer una crítica de la ideología en base a ello. Hay una lectura de ESDLA muy interesante sobre lo que implican las razas respecto a la Sudáfrica colonial en la que vivió Tolkien.

      >La chica en apuros tiene un componente mítico, responde a una realidad histórica que uno puede retratar y tiene una tradición literaria en la literatura fantástica, y en su contexto no tiene por qué ser una figura denigrante ni reductiva

      Tiene unas innegables connotaciones de indefensión, debilidad y premio para el aventurero. Que se pueda retorcer dentro del contexto es otra cosa.

      >Y qué. Lo mismo que el amor romántico de caballero y dama, o de Romeo y Julieta.

      Precisamente, si hablamos de Romeo y Julieta, te puedo decir que esa locura de amor romántico que hoy en día se tiene por leyenda era una crítica de Shakespeare. Romeo y Julieta eran adolescentes tontos que se enamoraban nada más verde y se casaban a los tres días. La que liaron provocó varias muertes. No sé.

      >Si no, los términos son los de la historia. Si no hay gente trans, albinos o aborígenes australianos, pues no los hay y listo, y forzar lo contrario es interferir con la creación.

      Claro. Estoy de acuerdo en no interferir en la creación: de ahí que se vea la ideología de la persona que escoge introducir esos personajes y no lo considera una censura o una obligación frente a la que sí. Kameron Hurley dice que cada uno tiene que ser consecuente con lo que saca al mundo, y poder dormir con ello. Yo no defiendo que se tenga que obligar a. Yo defiendo que cada uno escriba lo que quiera, sabiendo lo que implica. Y que duerma, después.

      Tu comentario es bastante denso y creo que hasta más largo que mi post, así que disculpa que no te conteste punto por punto.

      Un saludo.

      • Gaheret says:

        ¡Hola!
        Gracias por la respuesta. De acuerdo sobre Romeo y Julieta: con el amor cortés platónico también pasa algo así. Su máximo exponente es Lanzarote, que pasa al adulterio con Ginebra y hunde la Tabla Redonda y el Reino. De lo de Tolkien es de lo que me quejo: él dijo que su obra no era una alegoría política ni racial sino un intento de “mitología inglesa”. ¿Por qué no respetarlo, leerlo y criticarlo así? Coincido con la idea de ser responsable y consciente en la propia escritura, sobre todo en cuanto a los valores que uno transmite. No con la de ser responsable de cualquier lectura ideológica de la propia obra basada en las luchas políticas del mundo real donde hablar de otras cosas sea ya elegir bando.
        Por cierto (y aprovecho), gracias por tu trabajo. Los combates, curaciones y heridas de mis escritos tienen (y tendrán) mucho que agradecer a tus posts. Otro saludo.

        • Rocío says:

          Ahí voy, sobre lo de Tolkien: una cosa es lo que queremos decir y otra cosa lo que se nos cuele sin querer por costumbre, educación o descuido. El racismo no es algo de este siglo ni del anterior, y aunque quizá no se escuchase la palabra tan a menudo como ahora, en la mentalidad colonial de principios del XX la idea de la superioridad blanca estaría bien enraizada. Muchas veces, para evitar introducir elementos machistas o racistas en nuestras historias tenemos que pararnos a preguntarnos qué significan las cosas que escribimos y qué pensamos nosotros realmente. Solo a través de esta deconstrucción personal se pueden eliminar esas conductas aprendidas de todos los ámbitos de la vida. Y uno de esos ámbitos (y uno muy íntimo) es la escritura.

          Decir que solo las obras realistas están expuestas a nuestros prejuicios es equivocado; de ser así, la Princesa Leia no habría vestido un absurdo bikini de metal para entretener a una babosa espacial… y en la adaptación a serie de Juego de Tronos, el director de un capítulo se habría dado cuenta desde el principio que el que una mujer diga no cinco veces a una invitación de sexo y a la sexta acceda es coacción, no sexo consentido como pensaba que estaba ilustrando.

          Son mundos fantásticos, pero los escribimos personas reales. Es imposible no llevarnos cosas a esos mundos, queramos o no.

  5. Puck says:

    Vaya has vuelto… 🙂 Con el artículo me has convencido parcialmente.

    Dos cosas.

    Una. A veces las cortinas eran azules.

    Dos. Toda obra lleva una ideología/mensaje implícito. Pero están:
    -El que el autor intenta transmitir (si es que intenta).
    -El que cada lector interpreta.
    -El que los críticos le sacan.
    Y son mensajes diferentes.

    • Rocío says:

      Sí, vale, el color de las cortinas es irrelevante. Las estructuras económicas y de poder que se reproducen en la historia, no tanto. De eso he hablado, ¿no?

      Sip, y ese es otro tema un tanto espinoso. Sobre ello menciono siempre cómo Starship Troopers (la peli) es una sátira estupenda sobre el militarismo y el fascismo (la propaganda, el golpe de estado de tapadillo después del “desastre” de Klendathu, que a todas luces parece orquestado para quitar a presidente señor blando random y poner a señora militar intimidante) y parte de la crítica fue incapaz de discernirlo.

      Sobre lo que se entiende después de que el libro esté sobre la mesa depende de muchos factores. En muchos de ellos intervienen mecanismos que el autor no ha sabido entender antes de escribir. Ejemplo de ello es el autor que introduce personajes de color (negros, asiáticos, árabes, u name it) para añadir diversidad porque le parece razonable… y solo describe la piel de los personajes cuando no son blancos, reforzando así la idea de que lo blanco es el color por defecto. O la describe usando términos fetichistas, o usando comida o, en definitiva, no escuchando los consejos de los PoC.

      O el caso de Passengers, en el que se narra una historia en la que un tío decide despertar a una mujer de la que se obsesiona de su sueño criogénico porque se siente solo, mintiéndola al respecto y condenándola así a la muerte en una nave espacial. Pues eso querían que fuera una historia romántica normal. Y no se dieron cuenta. Y hubo espectadores que sí. ¿Quién tiene razón?

      • Puck says:

        Con lo de las cortinas azules (pensé que entenderías la referencia) me refiero a…

        http://statics.cuantarazon.com/crs/2011/10/CR_398118_simbolismo.jpg

        Es muy posible que algo que el autor ponga por descripción se interprete de otra manera. No ya en intención política/ideológica. Sino por mil razones.

        Vamos, parecido a lo que dices en el siguiente párrafo sobre Starship Troopers. Cosa que voy a aprovechar para ponerte la opinión que tuve sobre ST cuando fui a verla en el Pleistoceno.
        “Hostia, que peli más molona, y progre, cuanto avance social, hombres y mujeres, y todas las razas tienen ahí los mismos derechos, no se avergüenzan de sus cuerpos. ¡Hasta se duchan juntos! Vale que el sistema es fascista espacial… ¡PERO HAY BICHOS DEL ESPACIO QUE NOS QUIEREN COMER! Los pobres tienen que ser militaristas en ese aspecto…. y tener noticias manipuladas para ello, bueno, como las de ahora con Matías Prats diciendo en A3 que el rol es malo, pero las de la peli son para alimentar el ánimo y un mal necesario.

        En definitiva, que fui al único de los que íbamos que le gustó, por todo lo que es y vi, y porque hay peleas contra bichos espaciales.

        Ahora si la volviera a ver, interpretaría otras cosas. Y si la viera ahora por primera vez otras .

        Luego… ¿Quién tiene razón? La demanda agregada de los lectores con su dinero por supuesto 😛 Lo que no quita que todo el mundo tenga derecho a criticar. Desde los que dicen que “hay demasiadas mujeres” hasta los que dicen “no representa bien a las razas no-blancas”.

        Y acepto que es cierto que hay muchos temas que los autores no entienden y/o luego no describen para satisfacción de los fanáticos de esos temas, o de los pertenecientes a dichos temas. Ej: armas/razas.

        PD: El comentario inicial era muy escueto debido a que eran las mil de la mañana y como había leído comentarios larguísimos que habían perdido mi atención antes, quise ser breve.

        PPD: El caso passengers… he estado mirando (la wikipedia sobre la peli)… que chungo. Al menos la fríen en las críticas. Yo pensaba que iba a ser una peli romanticona al uso “en el espacio” y no fui a verla. Si hasta las relaciones de Starship Troopers son mejores (esa peli tiene de todo).

        • Rocío says:

          Sabía que te referías a esas cortinas, pero insisto: el simbolismo no tiene por qué engarzarse necesariamente con una ideología. Aunque, como la ideología, está sujeta al criterio del lector en muchos casos.

          Starship Troopers es lo más.

      • Ricardo says:

        Antes que nada quiero decir que me ha encantado tu texto y que estoy 100% de acuerdo en que es imposible no dejar un sesgo ideológico en lo que escribimos. Otra cosa es que pueda estar mejor o peor escrito (de ahí el calificativo de “panfleto”). Creo personalmente que el recelo que muchos guardan hacia este tema tiene más que ver con la creencia (errada, según pienso) de que están siendo criticados por disfrutar de cierto tipo de literatura. Yo siempre pongo el ejemplo del Tarzán de Edgar Rice Burroughs, que desde siempre ha sido uno de mis libros favoritos a pesar de las evidentes connotaciones racistas y colonialistas que tiene.

        Lo que deseo comentar tiene que ver con algo que has dicho (en los comentarios mismos, no en el texto) y que me ha llamado la atención, y es aquellos autores que omiten describir la piel de los personajes blancos, dando a entender que ser blanco es el color “por defecto”. ¿Que pasaría con aquellas narraciones en las que NO se describe el color de piel de ningún personaje? ¿Asumir que todos los personajes son blancos no trasladaría la carga de prejuicio al lector?

        Gracias una vez más. Un saludo.

        • Rocío says:

          O bien no se describe porque todos son blancos (suele ser lo habitual) o bien el escritor quiere probar a ver qué pasa, porque dice “no ver el color de la piel” (algo que es falso; todos tenemos ideas preconcebidas respecto al color de la piel, igual que respecto a la belleza o la clase social aparente). Si el lector ve a todos los personajes como blancos, sí, también tendría su carga de prejuicio. Los lectores también tienen una ideología. De hecho, una queja muy común cuando se trata del tema racial en la literatura es que los lectores van a tender a pasar por encima de los marcadores raciales de un personaje para verlos blancos. Pasó en Los juegos del hambre y su adaptación en cine. Rue, uno de los personajes, es negra en el libro. Muchos lectores pasaron por encima de esta descripción y decidieron que era blanca. Lo que pasó a continuación no te sorprenderá (“Yo no soy racista, pero no quiero que Rue sea negra”).

          El otro día leí una reseña en que el reseñista mencionaba que, en una historia en la que solo aparecían mujeres, él se imaginaba a algunas como hombres basándose en su manera de expresarse y sus acciones. Ay, las ideas preconcebidas.

          No pasa nada por disfrutar de las cosas problemáticas. Es necesario entender por qué lo son y qué ideas transmiten.

  6. Rika says:

    Al final entre el artículo (y el video. Lástima que hayan elegido dejar youtube 8<) y los comentarios me he quedado sin mucho que decir excepto alguna experiencia personal porque me he sentido muy identificada. En sí estoy muy de acuerdo contigo y aunque antes quería creer que se puede escribir algo sin transmitir ninguna ideología, cuando una crece se da cuenta de que las cosas no son así xD. Creo que fue con El Juego de Ender que me di el batacazo. El libro me había gustado mucho e iba tan contenta hasta que un día me senté a leer un análisis y me quedé fría por la cantidad de cosas que había pasado por alto (aunque me di un pin por ver el flagrante racismo del autor. Algo es algo, está bien ver que no era completamente ciega). Supongo que un día podré volver a sus páginas y quizás me guste de nuevo, pero ya siendo consciente de lo que estoy leyendo. A veces hay algo que te llega y eres capaz de pasar por encima de la mierdecilla con tal de disfrutarlo un poco.

    Pero luego están los que aceptan eso tal cual y se te encogen de hombros y se ríen porque es "normal". No puedo hablar con mucha gente del sexismo de Stephen King porque dicen "no es para tanto". Si digo que me extraña que no haya más personajes gays o variados en su historia o que al menos haya un protagonismo no-blanco alguna vez o una mujer que no orbite alrededor de la historia de su marido/novio, es como si le pidiera demasiado al autor.

    Recuerdo que le pasé un relato a un amigo donde aparecían dos o tres parejas homosexuales y solo dos hetero. Me dijo "¿para qué metes tantos gays/lesbianas? Son demasiados". Pero de lo otro no se quejó. Da que pensar. Es como si fuera a estallar el mundo porque resulta que varios protagonistas resulten no ser de la sexualidad mayoritaria (pero de que tuvieran alas no me comentó nada, eso era plausible xD) o se juntan tres o cuatro trans. ¡Corred, huid insensatos! ¡Un libro donde la mayoría no lo domina todo!

    Luego están los autores como Javier Negrete que hacen parodia de estos intentos por meter diversidad (y te hacen relatos sobre ellos poniendo por los suelos esta "corrección política") y ya el mundo sí que arde para mí.
    Madre mía el tocho que te he soltado. Como siempre, gracias por escribir estos artículos (y por las respuestas a ciertos comentarios, santa paciencia que tienes).

    Atte. Rika~

    P.D.: cuando has comentado lo del amor sobrevalorado, me he acordado de que leí que Romeo y Julieta causó mucho rechazo en Japón. La idea de que ambos "traicionaran" a sus padres y fueran tan egoístas les parecía repelente. Siempre es curioso enterarse de cosas así.

  7. Dario Diaz says:

    Llego tarde al artículo, lo tenia en pendientes hace unos días. Aunque entiendo alguno de los comentarios críticos que hay más arriba, en general estoy de acuerdo contigo.
    Yo también he pensado a veces en las cortinas azules, viendo muchos análisis de obras, preguntándome como sabían lo que el autor quería decir…pero hay otras cosas que no son cortinas. Son representación, ideologías, política, etc… Y no esta mal darle que la quieras a tu obra. Es decir, ¿quieres hacer una obra donde todos son blancos porque es una guerra de escandinavos? No es malo de por si y es muy respetable. Incluso es posible que haya un romance “clásico”, y eso tampoco esta mal. Es lo que algunos vivimos. Lo que si es bueno es ser consciente de que con eso describimos unas opciones, y que es importante darse cuenta de cual es la media: cuando miras el global de las opciones representadas en la cultura, si siempre son las mismas parece que esa es la normalidad y por tanto, que no hay ideologia cuando las usas, porque son lo normal. Es interesante pensar cuanto hay de pescadilla que se muerde la cola en esta situación.

    Por eso, si eres consciente, al escribir ficción tal vez quieras aportar otras opciones y otros modelos para el futuro. O tal vez no, y es respetable. Pero la necesidad está ahí, basta con salir al mundo para verlo.

    Pongo un ejemplo muy claro: Mi hija mayor (7 años) nos decía cuando tenia 4 o 5 que quería ser un chico. Lo tratábamos con naturalidad, para ver en que devenía. Ahora ya no lo dice. Esto no es ni bueno ni malo, pero creemos saber porque dejó de decirlo: Le encantaban las historias de caballeros, o de naves espaciales, Star Wars, etc…pero siempre había caballeros, soldados, heroes, Jedis, etc… Comencé a contarle historias de una aventurera llamada Ariadna que hacía las mismas cosas que los protagonistas de las historias que le gustaban, vio a Rey en Star Wars, le buscamos mas libros y películas con personajes femeninos fuertes y le reforzamos la idea de que podía hacer lo que quisiera, fuera chico o chica. Es decir, su problema no era con ser chico o chica, si no con lo que las chicas estaban limitadas a hacer. Moraleja: tuvimos que hacer un esfuerzo consciente como padres para darle alternativas, porque la opción por defecto con la que la sociedad la bombardeaba era absolutamente limitante…y ese es el problema.

    PD: sorry por el tocho post. Se me ha ido de las manos 🙂

  8. Hola, Rocío:
    Es la primera vez que llego a tu blog, gracias a la mención hecha en otra web, y me llamó la atención el título del artículo. Debo decir que estoy completamente de acuerdo, y no podría ser de otro modo. En el mío tengo un artículo en el que digo algo así como que la literatura es una larga metáfora de la realidad y de las inquietudes del autor, y esto, con menos claridad que tú, viene a hacer lo que tú dices. Cada autor deja en su obra, incluso inconscientemente, el sello de su forma de ser y estar en el mundo.
    Hace años escribí un cuento que nunca he publicado porque aun cuando a la veintena de amigos que lo leyeron les encantó, no ha llenado mis expectativas. Nació de un artículo que leí en ABC en el 2002. Es sobre la explotación infantil. En el relato aparecen personas de África y de Europa. Sin embargo, algunos lectores me dijeron que «dedujeron» que los africanos eran negros y los europeos blancos, porque no lo menciono, pero que si lo hubiese hecho, hubiese ahondado el dramatismo. Yo les respondí a todos lo mismo: “El color lo pones tú, y tú mismo revisarás tu propia posición frente al racismo. Yo solo cuento una historia sobre la explotación de personas”. Es decir, pareciera que, como tú dices, el color por defecto es el blanco.
    Un abrazo.

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