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Desarrolla tu narrativa jugando: 5 juegos de mesa para escritores

Hace un par de fines de semana aproveché el tiempo espléndido para encerrarme en casa a jugar a juegos de mesa (pero el sol entraba por la ventana y alegraba mucho, que conste). Mis compañeros de juegos, aparte de PREZ y un amigo sin Twitter, fueron @dragon_mecanico y @MPMoles_, así que la atmósfera creativa era considerable. Jugamos a varios juegos, pero creo que con el que más nos divertimos fue con Érase una vez, que al fin he adquirido tras años de tensión sexual no resuelta.

El chispazo de creatividad y capacidad de improvisación que proporciona este juego es considerable, de ahí que se me haya ocurrido reunir en una lista los juegos que considero que mejor le van a un escritor para practicar y hacer estiramientos creativos. He jugado a todos ellos y algunos me gustan más y otros menos, pero considero que todos tienen valor para cualquier persona a la que le guste contar historias y quiera hacerlo mejor. ¿Empezamos?

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escritores brujula

3 consejos de supervivencia para el escritor brújula (II)

En vista del éxito que tuvo mi artículo de la semana pasada sobre escritores brújula, no me queda otra que continuar con la serie y ampliarla. Para ello, fui a Twitter y os pedí sugerencias y preguntas para este artículo. Parece que hay más brújula sufridores de lo que pensaba en un principio, pero no os preocupéis: voy a intentar echaros una mano en lo posible a través de mi propia experiencia. Eso sí, de vez en cuando hay alguna trama o personaje que se me escapa de las manos más allá de lo que puedo reconducir. La infalibilidad es más productiva, pero menos divertida. Tan divertida como pueden ser las ganas de morder el teclado.

1 – Tus personajes se rebelarán más cuanto menos los conozcas

Creo que uno de mis puntos fuertes como escritora es la creación de personajes. Es deformación de jugadora de rol, supongo. Aunque por lo general mis historias comiencen con una idea sobre el mundo, todo el peso de la trama acaba recayendo en los cimientos de los personajes principales. Ellos son los agentes activos de la trama, los que toman decisiones y sufren las consecuencias. Tienes que conocerlos. Si no, ¿cómo vas a controlar lo que hacen?

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escritores brujula

3 consejos de supervivencia para el escritor brújula

Seguro que has oído alguna vez que hay escritores de brújula y escritores de mapa. Los primeros se lanzan a la aventura en ropa interior con un teclado y un Monster de medio litro como únicos compañeros. Los segundos, con una gruesa carpeta donde guardan, perfectamente ordenadas, todas las notas y escaletas de la historia que van a escribir. Los primeros tienen fama de locos, de dejar que los personajes se les suban a las barbas y de sufrir horribles bloqueos porque las cosas se les han ido de las manos. Los segundos, de cuadriculados. Sin su plan perfectamente trazado, se pierden. No pueden improvisar como hacen los brújula.

No voy a decir que los estereotipos se equivocan. Después de todo, si son estereotipos es porque se basan en una parte de verdad. Como escritora híbrida (sí, también hay de esos) que tiende más a la brújula, los bloqueos y la trama que se me va a Cuenca no me son extraños. He intentado (en este blog lo he dicho varias veces) encomendarme al santo patrón de los escritores de mapa y prometerle mis futuros descendientes a cambio de que me permita imbuirme en la Sagrada Magia de la Escaleta.

Pero… no funciona. No voy a mentir: probablemente tenga que ver con mi incapacidad para la disciplina. ¡Pero no es solo eso! No es que no me ponga a escribir hojas y hojas de planes porque no me apetezca, es que mi cabeza no funciona así del todo. Aunque tenga resúmenes de los capítulos y conozca la trama casi al dedillo, tiene que haber un resquicio de misterio para que los engranajes de mi cerebro se pongan en marcha. Si tardo demasiado en planear, la historia me arrastra a la hoja en blanco. Los relatos, aunque conozca el principio y el desenlace, los descubro mientras escribo.

Y sí, con una buena escaleta quizá me ahorraría reescrituras y dudas, pero… creo que no funciono así. No del todo.

Si tú te encuentras en las mismas que yo, felicidades: este artículo es para ti. Y si no es para ti porque eres una de esas buenas personas que hacen escaletas, te recomiendo que leas de todas maneras. Abajo del todo hay algo que quizá te interese.

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salud

La salud de los escritores: cómo cuidar las herramientas de trabajo

Hoy en día pasamos muchísimas horas delante del ordenador. Si escribes, es inevitable: son días y días frente a una pantalla de dudosa calidad en una silla barata con los brazos en posición de T-Rex. Y aunque esto nos pueda sacar del apuro durante un tiempo, cuando los músculos y los tendones empiezan a quejarse hay que pensar en cambiar los hábitos para prevenir lesiones duraderas. Una lesión en las manos implica estar obligada a dejar de trabajar, y aunque es cierto que existen programas de dictado por voz, dudo que sea lo mismo. Al menos para mí.

La primera vez que me avisaron los tendones de las muñecas fue hace cinco años, cuando me pasé muchísimas horas seguidas enredada en un proyecto creativo mientras sujetaba el ratón penosamente. La fatiga normal de la articulación se convirtió en un dolor ardiente que me bajaba hasta el codo y me impedía coger el ratón o teclear sin sufrimiento. Tardé varias semanas en recuperarme usando muñequeras y compresas frías, pero el dolor me acompañaba incluso en reposo, cuando me acostaba, y no sabía en qué postura ponerme para que me dejase en paz.

Aquella vez me compré una almohadilla de gel para el ratón que me ayudó un poco, pero me pasé los siguientes años sufriendo recaídas más o menos fuertes. Por entonces estaba estudiando en la escuela de hostelería y me daban tirones cuando cocinaba o transportaba marmitas y placas. Tuve que ir al médico, que me indicó un gel que me alivió una barbaridad, y me planteé que debía mejorar mi postura a la hora de trabajar si no quería acabar sin manos a los 40.

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fantasia cliches

5 clichés de fantasía que detesto (con todas mis fuerzas)

¡Alto ahí, que te veo venir! “A ver qué dice esta sobre las cosas que salen en mi novela”, murmuras entre dientes, y al bajar por la lista tus pupilas se contraen al darte cuenta de que uno o varios de estos puntos están en tu novela. Ruges y me maldices, y corres a comentarme que quién me creo yo que soy para decir que tu novela de fantasía es mala.

Pues nadie. Probablemente no me haya leído tu novela. Probablemente ni siquiera sepa cómo se titula, o si existe. Quizás tu novela haga un uso ingenioso del cliché y lo subvierta. Quizás tu novela haga un uso literal del cliché y, a pesar de todo, no esté mal. O quizás tu novela sea mala.

No lo sé. No la he leído. Probablemente.

Como diría un sabio (?) barbudo: “No es el cliché el que hace mala la novela, pero es la mala novela la que quiere que los clichés sean la novela”. O algo así. Si te acuerdas de mi artículo de la semana pasada, comentaba 5 cosas que me atraen irremediablemente hacia una historia. Eso no quiere decir que la atracción fuese a culminar en amor eterno. Si la novela tiene una magnífica descripción de una ciudad aérea en la que el protagonista asexual vive con sus veinte familiares, pero la trama es lo más insulso que te puedas echar a la cara, nuestro affaire está condenado tan pronto me dé cuenta.

Por el contrario, si la novela está acosada por un millar de clichés pero tiene virtudes tales que me permitan sobreponerme a la reticencia inicial, igual me acaba encantando. Yo que sé. Sorprendedme.

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