O vírgenes o putas: el complejo madonna-whore en la ficción

Hace unos meses vi un gameplay del juego de Playstation 2 Silent Hill 4: The Room. No es el mejor recordado, pero en mi opinión tiene unos cuantos puntos muy interesantes que lo mantienen por encima de títulos posteriores que se limitaban a ser un refrito del favorito de los fans, Silent Hill 2. Aparte de mucha sangre, cuerpos emparedados, backtracking a tutiplén y un sistema de juego mejorable, Silent Hill 4 tiene uno de los mejores ejemplos del complejo madonna-whore que haya visto en mucho tiempo.

¿Qué es el complejo madonna-whore? Pues fue identificado en primer lugar por Freud y define el complejo psicológico por el cual un hombre coloca a las mujeres en dos arquetipos posibles: o puta, o santa. O divertimento para un rato o material para esposa. O pozo de pecado y perversión o pobre damisela a la que proteger de la crueldad del mundo. Seguro que no os suena para nada disparatado: seguro que habéis oído alguna vez cómo en la vida real alguien afirmaba que una chica solo valía para un revolcón, pero no para salir en serio. Que este complejo se haya trasladado a la ficción no es nada sorprendente. Y, como cualquier obra de ficción, destila una idea que pasamos a aceptar e imitar para a su vez dar a luz a nuevas obras que siguen los mismos arquetipos.

Silent_Hill_The_Room

¿Todavía no lo veis claro? Os voy a explicar la manera clarísima en la que se revela este complejo en el diseño y narrativa de Silent Hill 4. Ojo con los spoilers:

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Escribir diversidad no es fácil

“Preguntan por Twitter que si tú crees que puedes tener un personaje principal que sea LGBTI (…)”

“Son cosas que surgen de manera natural con cada historia. Yo no lo descarto, para nada. Pero vamos, tampoco voy a ir a hacerlas así a propósito. No voy a escribir una historia para hablar solamente de un tema en concreto: lo principal es la historia. Si a raíz de esa historia ya aparecen otros temas, estupendo, pero cuando tú escribes una historia solamente para denunciar una cosa o para hablar de un tema en concreto, no estás escribiendo una historia realmente, estás haciendo un panfleto, no sé si me explico, y eso no es bueno tampoco.”

Laura Gallego tiene razón.

¡Toma clickbait! ¡Espera, espera, deja de hacer scroll para cagarte en mi ascendencia en los comentarios! Me explico.

Lo que leéis arriba, si tenéis Twitter y lo teníais ya hace tres semanas, es un fragmento de una entrevista con una de las autoras de literatura fantástica juvenil más importantes de España, si no la más importante de los últimos quince años. Yo la he leído, probablemente tú la hayas leído y los chavales que van hoy al instituto la están leyendo. Si tenéis Twitter (o Facebook) sabréis de sobra que se montó la Marimorena: hubo personas muy mosqueadas con las declaraciones que se lanzaron a llamar homófoba a Laura Gallego, otros que corrieron a defender a su autora preferida o su colega y otros, como yo, que preferimos quedarnos en un terreno neutral porque entendíamos a las dos partes.

Bueno, yo rechiné un poco los dientes porque justamente quería haber escrito este artículo y parecía que iba a surgir a raíz de la polémica. Y mira qué manera más estupenda tengo de huir de las polémicas que abrir el artículo con la cita de marras. ¿Molo o qué?

Cuando digo que entiendo a Laura Gallego cuando dice eso no significa que esté de acuerdo con sus palabras. No creo que Gallego sea una homófoba de las de agredir a parejas en la misma capital donde, en un alarde de disonancia narrativa de la realidad, se celebra este año el World Pride. Creo que es una homófoba como cualquier persona que se haya criado en este país y no haya pasado por el complicado y continuo proceso de deconstruirse. Homófoba nivel mi madre, o quizá la tuya. No pega palizas, no insulta y sí, hasta tiene algún personaje menor en su historia LGBT, pero cree que las narrativas sobre gente como nosotros son intrínsecamente diferentes a las de un personaje heterosexual o cisgénero. Como le han reprochado otros, el poliamor mágico interespecie bien, heroínas lesbianas no tan bien.

Sobre este tema han hablado largo y tendido otros (como Alicia Pérez Gil o Rafa de la Rosa) mejor que yo. No es por aquí por donde quiero ir.

Laura Gallego tiene razón en una cosa: si no le sale de manera natural, no tiene por qué escribir sobre ello. Si no le sale de manera natural, es muy probable que sea la última persona que debiera escribir sobre el tema.

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No te va a gustar si no dejas que te guste (y otros asuntos lectores)

Hace tiempo que me ronda en la cabeza algo sobre lo que escribir un artículo. Si no lo he hecho antes es porque ha llegado a mi mente en plan batiburrillo; no descarto que siga así, de modo que si este post acaba pareciendo un tren descarrilado… Bueno, yo lo he intentado. Dado este aviso y después de los saludos de rigor (qué bien veros otro martes por aquí) me meto en harina.

Resulta que llevo viendo cierta tendencia en la comunidad lectora de Twitter acerca de la exigencia extrema a los textos (que en muchos casos tiene que ver con el género de los autores) y de expectativas inalcanzables. Gabriella Campbell escribió hace unas semanas en su lista de correo un artículo muy interesante sobre por qué hay que leer más y reseñar menos que, si bien yo no suscribo por completo (las reseñas me parecen muy útiles para guiar a los lectores objetivo), sí que tiene parte de razón. Nadie va a leer un libro igual que otra persona, y lo que tú detestes (porque no es tu estilo, tu género de preferencia, o porque no encaja contigo) otra persona puede adorarlo.

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Desarrolla tu narrativa jugando: 5 juegos de mesa para escritores

Hace un par de fines de semana aproveché el tiempo espléndido para encerrarme en casa a jugar a juegos de mesa (pero el sol entraba por la ventana y alegraba mucho, que conste). Mis compañeros de juegos, aparte de PREZ y un amigo sin Twitter, fueron @dragon_mecanico y @MPMoles_, así que la atmósfera creativa era considerable. Jugamos a varios juegos, pero creo que con el que más nos divertimos fue con Érase una vez, que al fin he adquirido tras años de tensión sexual no resuelta.

El chispazo de creatividad y capacidad de improvisación que proporciona este juego es considerable, de ahí que se me haya ocurrido reunir en una lista los juegos que considero que mejor le van a un escritor para practicar y hacer estiramientos creativos. He jugado a todos ellos y algunos me gustan más y otros menos, pero considero que todos tienen valor para cualquier persona a la que le guste contar historias y quiera hacerlo mejor. ¿Empezamos?

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Por qué solo me apetece escribir personajes femeninos

Hace unos meses envié el penúltimo borrador de mi novela de baja fantasía a mis lectores cero. Por si te lo preguntas, les gustó mucho y tan pronto como tenga tiempo aplicaré los cambios para lanzarme a la aventura de la autoedición, pero no es de eso de lo que va esta vaina. Resulta que envié un cuestionario con varias preguntas para que los lectores beta respondieran. Una de ellas era: “¿Qué te parece la representación de minorías?”. Cuando mi amigo Rafa de la Rosa me reenvió su cuestionario, su respuesta era la siguiente:

“¿Qué minorías? ¿Los hombres?”

Me reí mucho con su respuesta porque es más o menos cierta. En esta novela, casi todos los papeles principales los desempeñan mujeres. Todos los hombres pasan el test de la lámpara sexy y el importantísimo (no) Bechdel inverso, y uno hasta tiene un arco dramático solo para él.

Estas son las únicas lámparas sexy que no tuvieran piernas de mujer que he encontrado en Google. Digo.

Pero entiendo que, para un paladar acostumbrado a las historias de Jose el matadragones, con Luis el enano, Paco el elfo y Gervasio el tirano (¡y Romualda como interés romántico de Jose!), Guerreros del sol parezca un desierto de masculinidades. Los lectores se rascan la cabeza porque sienten que hay algo raro. Esto no va como debería.

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