¿Pero qué demonios estás haciendo, Rocío?

Por las redes sociales ya os he avisado de que voy a tener un ritmo bastante irregular (por no decir nulo) durante un par de meses. Esto es por varios motivos (y por suerte, todos buenos):

  • ¡Me independizo! Llevo un par de meses arreglando la que será mi futura casa y está casi casi a punto. En cuanto terminemos, tocará una señora mudanza. Me voy a vivir a cinco minutos de mi casa actual, no os creáis, pero es un rollazo. Un rollazo que me muero por llevar a cabo, por otro lado.
  • La independencia conlleva el doble de trabajo para poder vivir. Esto quiere decir que muchas de las horas que le dedicaba al blog y a mis trabajos personales se las lleva el curro. Es un curro que me gusta, pero por desgracia no aumenta Mis libros ni mis Lecturas, pero sí el dinero que tengo en el banco. Un día de estos conseguiré que mi trabajo y Mis libros se solapen, pero por el momento…
  • He vuelto a estudiar, y aunque muchas de las asignaturas son prácticas y no necesito hincar tantos codos, tengo que ir a clase. Eso son muchas horas.
  • Aunque Mis libros no me den de comer (aunque me pagan algún que otro café y festín en mi buffet japonés preferido) sigo trabajando en ellos. Sigo editando el segundo borrador de Guerreros del sol, Horizonte Rojo Vol. 2 se encuentra en proceso de escritura y además tengo pendiente un millón de relatos para concursos cuya recepción de manuscritos se cierra el mismo mes.
  • Como tengo que hacer muchas cosas todo el rato y acabo con el cerebro frito, cuando llego a casa por la noche lo único que me apetece es jugar al Overwatch y al Dark Souls y ver el canal de Bukku qui (y ya me lo estoy terminando). Ni siquiera tengo tiempo de jugar a la campaña de Pathfinder a medio acabar con mi grupo de rol, o empezar la partida de Demonio que me han prometido y que tiene tan buenísima pinta, y mi única oportunidad para “leer” en condiciones es a través de audiolibros.
Esto no tiene nada que ver con nada, pero las pinturas medievales raras nunca sobran
Esto no tiene nada que ver con nada, pero las pinturas medievales raras nunca sobran

Como resultado de todo esto, aparte del hecho de que mis amigos se han olvidado de mi cara, que me palpita el párpado izquierdo de vez en cuando y sin provocación, que no quiero volver a pintar una pared en mi vida y que me duelen las muñecas de tanto darle al teclado, no tengo tiempo para el blog (y ni hablemos ya de la lista de correo).

Esto empezará a solucionarse cuando me mude finalmente y pueda hacer lo que no he hecho jamás: usar una agenda para planear mi semana y acotar horas para trabajar en las cosas que me importan. Y una de las cosas que me importan es, por supuesto, esta página que tantas alegrías me ha dado y gracias a la que he conocido a tanta gente guay.

Así que, gente que me lee, disculpad mi intermitencia. Volveré lo antes posible y desde una casa muchísimo más molona que esta. Seguiré poniendo links a artículos interesantes que encuentre por ahí en Facebook (podéis acceder a mi página desde los iconos de redes sociales de allí arriba, o desde el widget de la derecha). Si eres una de esas personas guays que tiene más tiempo que yo y te gustaría escribir un artículo invitado para hacer más corta la espera a los demás, ¡hazlo! Ya sabes cuál es mi dirección de contacto si es que no hablamos por las redes sociales.

Un saludo. Deseadme suerte. ¡Volveré!

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El amor que leemos no es amor de verdad

Me ha venido a la cabeza algo que me dijo mi madre sobre mi abuela hace años. “Creció leyendo novelas de amor y cuando se casó y vio que no era eso, se desilusionó muchísimo”. Esto me hace recordar el punto 20 del último artículo de Gabriella Campbell (que si no has leído te recomiendo porque es estupendo):

El amor que leemos no es amor de verdad

Parece una tontería tener que recordar que el amor que leemos y vemos por televisión no suele ser de verdad, pero es necesario. Muy necesario. Ya sabéis que pienso que la ficción moldea la realidad y la realidad moldea la ficción, así que consumir una idea hasta que sea asimilada por el imaginario popular puede ser beneficioso o perjudicial. Puede ayudar a que veamos la diversidad como algo natural, por ejemplo, o puede romantizar relaciones abusivas hasta el punto en que las niñas de catorce años vean normal que su novio las controle porque Hardin esto o aquello.

amor
“Para demostrar mi amor por ti, me he descoyuntado las cervicales.”

El fenómeno del amor romántico en ficción no es nuevo. Existen poemas milenarios que hablan de pasión, de enamoramiento y de tragedia. En el #medievo, el amor cortés ponía normas al cortejo entre un ardiente caballero y una dama virtuosa, y no faltan romances de ese tipo en la literatura de la época. Todo el mundo conocía la idea del amor, pero la mayor parte de la gente estaba demasiado ocupada sobreviviendo como para perseguir sueños románticos. Hasta hace no mucho tiempo, si te casabas era porque había un embarazo de por medio o porque la persona que te cortejaba tenía posibles. Y porque era lo que había que hacer si eras mujer y no tenías dónde caerte muerta, o si eras hombre y necesitabas que alguien heredase tus propiedades.

Pero, en la actualidad y en el mundo occidental, se ve muy raro que alguien se case exclusivamente por dinero. Nos gusta pretender que las parejas se unen por el amor que comparten (aunque eso, la verdad, habría que verlo), y en torno al romanticismo (y con esto me refiero a lo que envuelve la idea del amor romántico) se ha construido una industria y una maquinaria social que empuja y admite pérdidas de identidad, control, celos y un montón de cosas feas.

Los tópicos son innumerables: el amor todo lo puede, el amor cura, el amor es para siempre, mientras haya amor todo está bien, quien te ama te hará llorar, amor significa no tener que decir lo siento…

amor
“Y esto para nada se nos va a volver en contra, cariño.”

 

Crecemos alimentados por esas ideas. Al ponerlas en práctica, salimos escaldados por sus efectos. No sólo tenemos que lidiar con la frustración y la sensación de fracaso si nuestra historia de amor no funciona (nota: las historias de amor casi nunca funcionan para siempre), sino que esos tópicos alimentan directamente las estructuras de violencia de todo tipo que se dan en las relaciones de pareja. ¿A quién se le ocurrió decir que quien te ama te hará llorar, o que amar es no decir lo siento? ¿Estamos locos? ¿Acaso eso funcionaría en una relación de amistad?

También es muy común el insta-love. La pareja se conoce y al instante sabe que están predestinados, y arriesgarán todo su mundo y su vida por alguien cuyo color favorito ni conocen. A no ser que haya una muy buena razón para ello (como en mi relato La promesa, que me voy por la unión animal y las feromonas del celo), suele quedar irreal.

Vale, ¿y ahora qué?

Pues vamos a no… hacerlo. Vamos a no escribir eso. O al menos vamos a intentarlo, que nunca es fácil. Ya hablé anteriormente sobre mi manera de crear relaciones románticas realistas, y sobre la manera de identificar si la pareja que retratamos tiene una relación tóxica, pero le podemos dar más vueltas.

Venga, que os doy ejemplos chulos:

amor
¿Quién demonios es esta tía que sale en la portada? Sigo sin saberlo.

En Fire Logic, de Laurie J. Marks, las dos protagonistas entablan una relación de amistad desde el principio. Una de ellas es adicta a una droga que necesita para vivir, lo que anula casi por completo su tacto. Hacia el final del libro su relación toma un tinte romántico, pero mientras Karis no se libre de su adicción no pueden ni quieren estar juntas. Entonces, Karis lo consigue. Es un proceso muy largo y doloroso, pero al final se libera de ella. Y sí, entonces se juntan. La inspiración y el apoyo no son curativos en sí mismos. Es Karis quien consigue mejorar gracias a su fuerza de voluntad. ¿Lo habría hecho sin una motivación tan fuerte y sin el apoyo de su amiga? Probablemente no. Pero eso no significa que Zanja besase a Karis hasta que ya estuviera mejor.

Dice Cuervo Fúnebre que “Ciena Ree y Thane Kyrell de Lost stars, de Claudia Gray, se conocen con 8 años y se hacen amigos apoyándose en todo y no es hasta los… ¿19? que comienzan a salir juntos. No hay celos ni mierdas de esas. Es un amor bonito que trasciende la guerra que ocurre en la galaxia.”

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“Ja ja, los animorphs, qué graciosos.” Sí, espera, que verás…

 

Rethis me ha recordado el caso de Cassie y Jake, de la saga Animorphs. Los dos tienen una relación especial desde el principio y se intuye que están enamorados aunque quizá no hayan iniciado nada formal. Sin embargo, conforme avanza la trama y Jake se vuelve cada vez más despiadado, Cassie (que siempre ha sido la más compasiva de los Animorphs) le deja. En el último libro ha empezado una relación con otro chico más calmado. Es un ejemplo perfecto de cómo puede evolucionar una pareja a lo largo del tiempo y cómo los eventos pueden cambiar a los que la componen, haciéndolos incompatibles. Y bien por Cassie, que prefiere no salir con un criminal de guerra.

Dice Dikana que en Mundo de Tinta, de Cornelia Funke, “Hay dos matrimonios que pasan diez años separados por cuestiones de la trama y se siguen queriendo, pero también intentan rehacer sus vidas saliendo con otras personas y es todo muy natural. La prota adolescente se enamora de uno de los compañeros de aventura y tienen un mini romance, pero conforme la historia avanza se da cuenta de que la cosa no funciona y rompen sin más y quedan bien.”

El objetivo es darle más dimensión a la relación romántica y desechar tópicos que no sólo no enriquecen la pareja, sino que le dan una pátina de artificialidad que no necesita, y refuerzan ideas caducas en el mejor caso y peligrosas en el peor. Pensad en mi pobre abuela.

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Sobre el abuso del abuso

Aviso: Este artículo trata temas como el abuso sexual y emocional

La idea de este artículo, como muchos que vendrán, llega a raíz de una conversación con mis colegas de La Nave Invisible. No sólo hablamos de pizza, al fin y al cabo. Estábamos poniéndonos al día acerca de nuestras lecturas y confirmamos que había una alarmante proporción de violaciones y abuso sexual (generalmente a mujeres) tanto en literatura de género como en otro tipo de ficción. ¿Y eso por qué?

Podría parecer que no hay forma más sencilla de caracterizar a un personaje femenino que convirtiéndolo en víctima de abuso sexual. Una o dos agresiones y ya tienes a tu personaje caracterizado: o bien es un flan de nervios balbuceante y sollozante hasta el final de la novela, o una superviviente con la venganza en las pupilas y un odio feroz hacia los hombres. Es más: podría decirse que no sólo tenemos al personaje femenino caracterizado, sino que tenemos la trama completa. Después de todo, sabemos de sobra que violar está mal, ¿no?

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Destripando una de mis primeras novelas (I)

El otro día, hablando con Enerio Dima de lo horrorosas que eran nuestras primeras novelas, se me ocurrió que podía poner la guinda a este mes del egocentrismo iniciando un desfile de patetismo novelístico por el bien de la literatura universal. Porque yo también escribí una novela cuando tenía 16 años (en realidad escribí como cuatro en dos años, lo cual es toda una hazaña teniendo en cuenta que ya existía Internet. Lo que no existían, supongo, eran las redes sociales) que me da vergüenza releer y hasta mencionar, que acabé por cabezonería y que abandoné en un cajón y ni siquiera intenté corregirla jamás. Siempre supe que era bosta.

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3 detalles de worldbuilding que me vuelven loca

Parece que este mes me he puesto egocéntrica. Si ya hablé de las cosas que me interesaban y las que me echaban para atrás, hoy me toca ponerme picajosa con el worldbuilding. Si os gusta la creación de mundos fantásticos, no puedo hacer más que animaros a que os paséis por el blog de Alister Mairon, que es un hacha del tema. En este artículo voy a comentar algunas de las cosas que más me llaman la atención de los mundos fantásticos y que mejor me dan a entender que el autor sabe lo que está haciendo a la hora de crear su ambientación.

Como ya os he dicho, este artículo no es más que un “Pide por esa boca, Rocío”. Seguro que a vosotros os fascinan otros puntos del worldbuilding. ¡Comentadme cuáles más abajo!

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