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5 cosas que los escritores pueden aprender de El Ministerio del Tiempo

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Debo de ser de las pocas personas a las que les gusta de verdad el cine español. Me gustaba desde antes de que fuera cool, antes de Celda 211y de Ocho apellidos vascos. También me gustaban las series españolas. Hasta vi Hispania, a pesar de que los capítulos fuesen eternos y saliese Juan José Ballesta. Es que había romanos…

Ni qué decir tiene que, cuando se anunció El Ministerio del Tiempo, no supe si alegrarme o santiguarme. No estaba segura de que quisiera ver una gran idea destrozada por el canon español, pero sabía que las series de RTVE tenían muy buena producción. La última histórica que intenté ver fue Águila Roja y tardé media hora en cambiar el canal. ¿Me atrevería con esta?

De repente, mi TL de Facebook se llenó de elogios a la serie. En Tumblr hasta hacían fanarts, y en blogs roleros se hacían aventuras ministéricas que servían además para enseñar historia. Para una serie española, eso es grave. Así pues, en marzo del año pasado, me puse a verla… y me encantó.

Después del capítulo de este lunes y en una inspiración de esas que brotan en la ducha, me di cuenta de la lección que pueden darnos Olivares y su gente sobre esta serie y la manera que tienen de crearla. Yo os animo a que la veáis si no lo habéis hecho ya. Mientras tanto, aquí os dejo estos cinco puntos:

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5 autores a los que me encantaría parecerme más

Anoche me quedé pensando en qué autores me habían marcado más y la lista no se hizo esperar. No era qué escritores me gustaban más, sino cuáles me habían impactado más de cara a mi futuro como escritora. Me encantaría compartir sus virtudes y aprender de su trabajo. No deseo copiarlos, pero sí extraer las lecciones que su historia particular y su modo de trabajar puedan enseñarme.

Aquí va mi lista:

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Lo que aprendí al revisar mis primeras novelas

El año en que cumplí los dieciséis escribí tres novelas. Tres. Pasé de una producción literaria mínima (aunque escribía todos los días en foros interpretativos de rol, lo que es un ejercicio fantástico para aprender a redactar y desarrollar personajes) a crear como una bestia. Nunca, hasta ese momento, había terminado nada. Todo lo que había empezado había quedado en agua de borrajas, pero de pronto mis ideas sueltas se convertían en historias completas. Owk lleah!11 ¿No?

La calidad y la originalidad eran… bueno. Digamos que al menos estaban terminadas.

Me tomaba muy en serio aquellas novelas. Escribía todos los días, a menudo varias veces al día. Estaba completamente enamorada de esas historias. Quería publicar. Quería que todo el mundo las leyera. Estaba escribiendo. Era escritora, ¡al fin!

29e

¡Soy la mejor autora del universo! ¡Paso de corregir el borrador, está estupendo!

Con el paso del tiempo, a medida que leía otras cosas, me fui dando cuenta de que mis novelas no estaban bien. Ahora me doy cuenta de que una de ellas podría salvarse con una reescritura salvaje, pero las otras dos son copias de copias sin sentido propio. Era todo tan naïf, con mi propia inocencia y deseo de que estuviera bien para apañar los agujeros de trama, con mis “adoro esta historia, así que funciona porque sí”, que sólo podría haberlo escrito una persona de dieciséis años. Muy madura y con una capacidad de redacción superior a la media, pero de dieciséis años. Sin experiencia en el mundo ni en la literatura, y sobre todo sin la voluntad de esforzarme hasta dar lo mejor de mí, demasiado centrada en la necesidad de ser leída como para darme cuenta de que era mejor ser leída bien.

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Cómo crear personajes interesantes

Toda trama necesita actores. Pero los personajes no son marionetas vacías que dicen el diálogo sin sentimiento o cuentan la historia sin más. El lector llega a la historia a través de los ojos de los personajes y se implica en ella cuando estos se implican. Se preocupan de las cosas que ellos se preocupan porque les cogen cariño, simpatizan o sencillamente se interesan por sus vidas.

Hay muchas maneras de abordar a los personajes, pero a mí me gusta encarnarlos. Como si fuera una actriz del método, intento empaparme de su personalidad y su circunstancia y sentir igual que el personaje a medida que voy escribiendo. Yo soy de las que ponen caras delante de la pantalla mientras teclean, o pronuncian los diálogos en voz alta para desarrollarlos. Como autor, debes conocer a tus personajes por el medio que te sea más efectivo y tan exhaustivamente como seas capaz.

Empecemos por identificar sus partes.

La función

Si un personaje no sirve de nada, fuera. ¡Da igual que sea súper simpático! A la basura. Tal vez puedas fusionarlo con otro para así obtener una función y una gran personalidad. Pero insisto: que tenga un por qué.

¿Mueve la trama? ¿Ayuda o protege al protagonista? ¿Se le opone? ¿Es el objetivo a encontrar/salvar/matar? Si no sabes por qué está ahí, no lo pongas.

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Cómo estructurar la trama de una novela

Muy rápida voy yo explicando cómo escribir una novela, ¿no? Os he dicho que tenéis que resumirla y pensarla y distribuirla en capítulos… y no os he explicado qué es ni cómo funciona.

Que conste antes de nada que yo soy una escritora muy “de oído”. Aunque conozco la teoría, porque la he estudiado tanto en clase como en libros de técnica, al final acabo estructurando mis tramas siguiendo mi instinto. Al igual que todos tenemos un cierto sentido de la corrección audiovisual porque nos hemos pasado toda la vida viendo cine y televisión, somos capaces de intuir cuándo una historia falla o le falta algo, porque amamos la ficción. Así pues, es muy posible que todo lo que voy a contarte ahora te suene y sepas aplicarlo correctamente, aunque no te expliques el por qué.

Presentación, nudo y desenlace… o algo así.

Nos han enseñado desde pequeños el esquema clásico: presentación, nudo, desenlace. No está errado: todas las historias completas lo tienen. ¡Hasta los chistes! Sí que es cierto que las novelas tienen una estructura un poco más sofisticada. A eso vamos.

estructura de la trama

En realidad se parece un poco más a esto. via Rewindfestival

Todo empieza

La primera parte es exposición. Le enseñamos al lector cuándo y dónde ocurren los hechos, y a quién. Construimos un panorama de normalidad, de lo esperable, y no tiene por qué ser plácido. Si contamos la historia de un mendigo, su presente será tan difícil y desesperante como imaginemos… pero es su normalidad. Y todo giro que le demos a ese presente avanzará la historia hacia su nudo, y el personaje hacia un cambio.

Se suele decir que hay que empezar la historia lo más tarde posible y con tensión, y estoy de acuerdo. En Elantris, de Brandon Sanderson, recibimos algo de información vital en el prólogo: Elantris fue una ciudad de poder y majestuosidad, pero ya no. No nos explica por qué, ni narra la caída de la monarquía arelena o el ascenso al poder del rey Iadon. Eso ya lo veremos más adelante. Lo importante es que Raoden, el príncipe heredero, se despierta maldito y es exiliado a Elantris. Desde la ciudad maldita podemos ser testigos del status quo en preparación para los cambios que están por venir.

El primer giro (empieza el nudo)

Algo ocurre que destruye lo que el personaje principal considera la normalidad. Atisbamos parte del objetivo final de la trama y los obstáculos para conseguirlo. A partir de este momento, el status quo se ha roto y el personaje está en peligro. No tiene por qué ser una amenaza a su vida, pero sí a su integridad, a las cosas que ama, a su posición social… Puede que en la exposición el personaje nos haya caído bien, pero a partir de este momento tiene que preocuparnos.

En Los Juegos del hambre, de Suzanne Collins, la normalidad de la vida de Katniss vuela por los aires cuando se presta voluntaria a participar en una competición asesina para salvar a su hermana. A partir de este momento se encuentra en peligro mortal (dado que en los Juegos es posible que muera). Pero también sus seres queridos están en peligro (si ella muere, ¿podrán sobrevivir sin sus habilidades de caza? Si no sigue las normas de los Juegos, ¿lo pagará su familia?), así como su integridad moral (¿se convertirá en una asesina sanguinaria para sobrevivir?).

Intentos y caídas

Todo lo que sigue es un camino ascendente en tensión y riesgo en pos del clímax. La acción y la tensión deben ser cada vez más intensas. La trama necesita inercia (en este caso, una inercia inversa) porque se detiene en los puntos bajos. ¡No dejes de subir la cuesta!  El personaje trata de conseguir su objetivo, pero cada vez que lo intenta falla y cae. Cada caída tiene consecuencias y se pierde algo (compañeros, esperanzas, salud…), pero a la vez se despejan incógnitas que le permiten continuar adelante. Estas pequeñas victorias no son el objetivo, pero permitirán al personaje no perderlo todo además de darle un pequeño respiro. Es en estos momentos de reflexión en los que el personaje saborea la cercanía del objetivo y se da ánimos para luchar.

En Harry Potter y las reliquias de la muerte, de J.K. Rowling, el trío protagonista viaja por la Inglaterra en guerra buscando los horrorcruxes de Lord Voldemort. Aunque los van encontrando y destruyendo, el precio por hacerlo es las vidas de sus amigos, la erosión de su amistad, sus esperanzas y su salud.

Momento negro

La última caída es brutal. El objetivo parece más lejos que nunca, el antagonista más fuerte y todo está perdido. Aquí se ven las consecuencias del fracaso y lo que ocurrirá si el personaje deja de pelear. Pero el protagonista reúne sus últimas fuerzas y tiene el último enfrentamiento, lo que desencadena el clímax.

El clímax necesita FUEGOS ARTIFICIALES. Hasta ahora has ido tendiendo las mechas de los cohetes y los petardos ordenadamente y es el momento de prenderles fuego y ver la explosión. Toda la tensión acumulada se hace insoportable y estalla. Las apuestas están hechas y la ruleta gira. ¿Ganarán los personajes, o perderán?

En Juego de tronos, de George Martin, el clímax se desarrolla a la vez en varias de sus tramas. Por un lado tenemos a Ned, que accede a confesar su “traición” para vestir el negro frente a toda la ciudad y en su lugar es decapitado. Jon lucha contra un no-muerto y se salva a sí mismo y a su señor. Dany, tras perder a su marido, su hijo y su posición, hace eclosionar los huevos de dragón en su pira funeraria…

Consecuencias

La tensión comienza a decrecer. Las elecciones tomadas en el clímax provocan reacciones. Los personajes sufren las consecuencias y poco a poco regresan al estado de normalidad inicial. Pero esta normalidad nunca será la misma: los eventos anteriores les han cambiado para siempre y ahora son personas distintas. Incluso aunque el mundo vuelva a ser el mismo, ellos jamás lo serán.

No es necesario que el desenlace se alargue más de lo debido. La trama debe perder inercia y alargarse lo que permita a los personajes experimentar su nuevo status quo, pero no hasta el punto de contar sus vidas venideras. El lector debe tener una idea de lo que queda por delante, pero sin aburrirse.

En El Señor de los Anillos, de JR Tolkien, los hobbits regresan a la Comarca, lo que tanto deseaban desde el principio. Pero la vida ya no es tan plácida como antes; las experiencias vividas hacen que se sientan alienados entre sus iguales. Tanto, que Frodo necesita marcharse hacia el Oeste con los elfos, pues sus experiencias son incompatibles con las de sus vecinos.

Variantes

…hay muchas.

De hecho, probablemente hayáis querido cambiar algo de lo que he dicho arriba. Se habla de puntos de giro, del Camino del Héroe, de cruzar umbrales y el punto de no retorno… Pero, como ya he dicho, yo escribo de oído. Mi manera de estructurar la trama es instintiva y trato de probar lo que se me ocurre y arreglar lo que no funciona.

Os animo a que destripéis cuatro o cinco libros y señaléis las partes importantes. Así descubriréis cuál es el motor de las novelas y podréis aplicarlo a las vuestras.

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