3 consejos de supervivencia para el escritor brújula

Seguro que has oído alguna vez que hay escritores de brújula y escritores de mapa. Los primeros se lanzan a la aventura en ropa interior con un teclado y un Monster de medio litro como únicos compañeros. Los segundos, con una gruesa carpeta donde guardan, perfectamente ordenadas, todas las notas y escaletas de la historia que van a escribir. Los primeros tienen fama de locos, de dejar que los personajes se les suban a las barbas y de sufrir horribles bloqueos porque las cosas se les han ido de las manos. Los segundos, de cuadriculados. Sin su plan perfectamente trazado, se pierden. No pueden improvisar como hacen los brújula.

No voy a decir que los estereotipos se equivocan. Después de todo, si son estereotipos es porque se basan en una parte de verdad. Como escritora híbrida (sí, también hay de esos) que tiende más a la brújula, los bloqueos y la trama que se me va a Cuenca no me son extraños. He intentado (en este blog lo he dicho varias veces) encomendarme al santo patrón de los escritores de mapa y prometerle mis futuros descendientes a cambio de que me permita imbuirme en la Sagrada Magia de la Escaleta.

Pero… no funciona. No voy a mentir: probablemente tenga que ver con mi incapacidad para la disciplina. ¡Pero no es solo eso! No es que no me ponga a escribir hojas y hojas de planes porque no me apetezca, es que mi cabeza no funciona así del todo. Aunque tenga resúmenes de los capítulos y conozca la trama casi al dedillo, tiene que haber un resquicio de misterio para que los engranajes de mi cerebro se pongan en marcha. Si tardo demasiado en planear, la historia me arrastra a la hoja en blanco. Los relatos, aunque conozca el principio y el desenlace, los descubro mientras escribo.

Y sí, con una buena escaleta quizá me ahorraría reescrituras y dudas, pero… creo que no funciono así. No del todo.

Si tú te encuentras en las mismas que yo, felicidades: este artículo es para ti. Y si no es para ti porque eres una de esas buenas personas que hacen escaletas, te recomiendo que leas de todas maneras. Abajo del todo hay algo que quizá te interese.

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Por una amiga: cómo escribí mi relato para La otra fantasía medieval

Por si no lo sabíais, Laura Morán lanzó una convocatoria para una antología llamada #LaOtraFantasíaMedieval. Pretendía demostrar que el medievo no tiene por qué ser #medievoooo cuando escribimos fantasía. Si hay dragones y elfos, ¿por qué no hombres y mujeres que hacen lo que les da la gana sin tener que encajar en un rol artificial? ¿Por qué perpetuar la violencia contra las mujeres amparándose en que “la época era así” (spoiler: no, no lo era) cuando le damos mil vueltas a un sistema Sandersoniano de magia dura?

Resulta que la convocatoria fue un éxito y le llovieron los relatos. ¿Y qué hemos aprendido escribiéndolos? Laura nos ha pedido que contemos cómo ha sido el proceso y aquí vengo a ello.

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La salud de los escritores: cómo cuidar las herramientas de trabajo

Hoy en día pasamos muchísimas horas delante del ordenador. Si escribes, es inevitable: son días y días frente a una pantalla de dudosa calidad en una silla barata con los brazos en posición de T-Rex. Y aunque esto nos pueda sacar del apuro durante un tiempo, cuando los músculos y los tendones empiezan a quejarse hay que pensar en cambiar los hábitos para prevenir lesiones duraderas. Una lesión en las manos implica estar obligada a dejar de trabajar, y aunque es cierto que existen programas de dictado por voz, dudo que sea lo mismo. Al menos para mí.

La primera vez que me avisaron los tendones de las muñecas fue hace cinco años, cuando me pasé muchísimas horas seguidas enredada en un proyecto creativo mientras sujetaba el ratón penosamente. La fatiga normal de la articulación se convirtió en un dolor ardiente que me bajaba hasta el codo y me impedía coger el ratón o teclear sin sufrimiento. Tardé varias semanas en recuperarme usando muñequeras y compresas frías, pero el dolor me acompañaba incluso en reposo, cuando me acostaba, y no sabía en qué postura ponerme para que me dejase en paz.

Aquella vez me compré una almohadilla de gel para el ratón que me ayudó un poco, pero me pasé los siguientes años sufriendo recaídas más o menos fuertes. Por entonces estaba estudiando en la escuela de hostelería y me daban tirones cuando cocinaba o transportaba marmitas y placas. Tuve que ir al médico, que me indicó un gel que me alivió una barbaridad, y me planteé que debía mejorar mi postura a la hora de trabajar si no quería acabar sin manos a los 40.

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Horizonte Rojo nº1, gratis en Lektu

Con motivo de la salida del número 4 a finales de este mes/principios del siguiente, el primer nº1 de Horizonte Rojo está gratis en Lektu para que te lo descargues por la cara. Si todavía no sabes qué es Horizonte Rojo, aquí te lo explico. ¡Acción, sexo, alienígenas y mucha mala leche!

La oferta estará vigente el 18 y 19 de febrero, así que no pierdas tiempo y entra aquí.

Si te ha gustado el primer número y no puedes quedarte sin saber qué pasa con una de las capitanas más incompetentes de la Vía Láctea, recuerda que el segundo y el tercer número (y pronto el cuarto) están esperándote también en Lektu. Y si eres más de papel, los números del 1 al 3 están recogidos en la edición física (Volumen 1). Recuerda que puedes adquirirlo con un 5% de descuento si introduces el código HRSTART.

¡Si os gusta, dejadme reseñas en Lektu y Goodreads! No dudéis en recomendársela a vuestros amigos y familiares y todas esas cositas. ¡Hacedme feliz!

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Ficción e ideología: cuando solo vemos la paja en el ojo ajeno

Las agendas ideológicas, qué en boga están. Son como muy del 2010, ¿no? Ahora hay un montón de gente haciendo ruido y exigiendo que en los cómics y las pelis salgan mujeres, y gays, y gente negra, y gente trans. Qué cosas, los paladines de la justicia y los caballeros blancos, qué de voces aparecen cuando se les da una cuenta de Twitter desde la que hablar. Y lo peor de todo es que los creadores… ¡les están haciendo caso! ¡Nos quieren meter sus agendas políticas por los ojos!

Cuando un juego como Baldur’s Gate decide introducir un personaje trans como si fuese una persona normal que hace un comentario al respecto si le preguntas por el nombre, los guionistas nos están enviando el mensaje de que las personas trans son personas normales y corrientes que podemos toparnos comprando el pan, yendo a clase o viviendo aventuras por Faerûn. Probablemente, si estás leyendo este blog, estés de acuerdo con este mensaje y consideres que es positivo (aunque, como todo, podría hacerse mejor).

Bueno, pues eso no fue lo que pensó parte de Internet.  Supongo que no tengo que explicaros que parte de Internet apesta a estas alturas, pero eso, que apesta.

Este artículo está fuertemente influenciado por este fantástico vídeo de Bukkuqui

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