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3 consejos de supervivencia para el escritor brújula

Seguro que has oído alguna vez que hay escritores de brújula y escritores de mapa. Los primeros se lanzan a la aventura en ropa interior con un teclado y un Monster de medio litro como únicos compañeros. Los segundos, con una gruesa carpeta donde guardan, perfectamente ordenadas, todas las notas y escaletas de la historia que van a escribir. Los primeros tienen fama de locos, de dejar que los personajes se les suban a las barbas y de sufrir horribles bloqueos porque las cosas se les han ido de las manos. Los segundos, de cuadriculados. Sin su plan perfectamente trazado, se pierden. No pueden improvisar como hacen los brújula.

No voy a decir que los estereotipos se equivocan. Después de todo, si son estereotipos es porque se basan en una parte de verdad. Como escritora híbrida (sí, también hay de esos) que tiende más a la brújula, los bloqueos y la trama que se me va a Cuenca no me son extraños. He intentado (en este blog lo he dicho varias veces) encomendarme al santo patrón de los escritores de mapa y prometerle mis futuros descendientes a cambio de que me permita imbuirme en la Sagrada Magia de la Escaleta.

Pero… no funciona. No voy a mentir: probablemente tenga que ver con mi incapacidad para la disciplina. ¡Pero no es solo eso! No es que no me ponga a escribir hojas y hojas de planes porque no me apetezca, es que mi cabeza no funciona así del todo. Aunque tenga resúmenes de los capítulos y conozca la trama casi al dedillo, tiene que haber un resquicio de misterio para que los engranajes de mi cerebro se pongan en marcha. Si tardo demasiado en planear, la historia me arrastra a la hoja en blanco. Los relatos, aunque conozca el principio y el desenlace, los descubro mientras escribo.

Y sí, con una buena escaleta quizá me ahorraría reescrituras y dudas, pero… creo que no funciono así. No del todo.

Si tú te encuentras en las mismas que yo, felicidades: este artículo es para ti. Y si no es para ti porque eres una de esas buenas personas que hacen escaletas, te recomiendo que leas de todas maneras. Abajo del todo hay algo que quizá te interese.

No te voy a decir que he descubierto el secreto para que tu brújula sea certera y no te pierdas nunca. Tampoco te voy a dar la clave para que los engranajes trabajen todo el tiempo y no se paren. Y, desde luego, no voy a pretender que esto sea una guía definitiva. Es la guía que me funciona a mí.

Pero, si eres un compañero brujulero o híbrido, espero que esto te sirva de algo.

1 – El primer borrador siempre es malo, pero encima el tuyo está sucio y deshilachado

Cuando dependes de tu capacidad para improvisar y tu creatividad para encontrar la historia sobre la marcha, rara vez es un camino homogéneo. Habrá repuntes de genialidad y vacíos horribles, baches, curvas cerradas y muchísimos agujeros.

No pasa nada. De verdad.

La primera fase de edición te llevará más trabajo y tendrás que reescribir. Bastante. La buena noticia es que ya has peleado esta batalla y sabes cómo funcionan las cosas. Te has hecho una idea de los movimientos del enemigo y de tus tropas aliadas y puedes prevenir ataques sorpresa.

¿Se me ha ido la pelota con las metáforas? ¡Tal vez! Lo que quiero decir es que tienes entre las manos un borrador lleno de errores y agujeros porque lo has improvisado, pero ahora sabes cómo funciona. Sabes de qué trata todo, en realidad, y qué tipo de materiales necesitan los fuegos artificiales en el prólogo para que en el clímax estallen del color que buscas. Lo puedes limpiar y abrillantar para que funcione como es debido.

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Cuidado, no vaya a ser que al desempolvar tu borrador la líes parda

En mi caso, no es nada raro que mientras escriba se me ocurran cosas que necesiten un planteamiento anterior. En el final de Por una amiga, un personaje toma una decisión que afecta a otras dos personas. Cuando llegué allí, sabía en qué consistía la decisión, pero no había establecido por qué no había otra manera. Para que tuviese sentido y no fuese un Deus ex Machina explicado en el último momento, volví varias escenas atrás y aproveché para especificar la clave que le daría sentido a la decisión.

2 – Aprovecha la inercia de las escenas clave

Si trabajas como yo, tendrás una olla a presión por cabeza que te recuerda una y otra vez una de las escenas clave de la historia que tienes entre manos. Te pasa cuando te lavas los dientes, cuando friegas los platos, mientras te vistes. Yo, que paso las mañanas a solas, convierto todas esas tareas costumbristas en una declamación de diálogos e ideas en voz alta. Me sirve de práctica y como lluvia de ideas, que por mi naturaleza brujulera es una fase que nunca termina.

Te sabrás esas escenas de pe a pa, seguro. ¿Las otras? Bueno, no está muy claro. Ya lo descubrirás cuando haya que unir unas y otras. Esas escenas clave son el fuego que te impulsa a seguir adelante, lo que está muy bien. No hay mayor placer (y tristeza) que alcanzar una de estas escenas que tanto has preparado.

El problema llega cuando las escenas clave se terminan o cuando están tan separadas entre sí que la tensión y la estructura se comban hacia abajo. La historia avanza a trompicones. Tienes un problema con la inercia.

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En realidad, Groucho no decía “¡más madera!”. Pero qué demonios: ¡MÁS MADERA!

Ha llegado el momento de pensar a largo plazo. Lo siento. Sí, a mí también me cuesta. Pero mira, una cosa es que seas brújula y prefieras caminar hacia lo desconocido y otra es que seas un Bear Grylls de pacotilla que se lanza sin provisiones en la mochila (y acaba bebiendo su propio pis). Si no tienes suficientes escenas clave, están demasiado repartidas o una de ellas no es el clímax de la historia, llegará el momento en que te pares. Te vas a bloquear, te vas a desencantar de la historia y acabarás guardándola en un cajón u olvidándote de ella. Lo sé porque me ha pasado. He escrito una novela de manera frenética hasta llegar a la última de mis escenas clave… para abandonarla durante seis meses y terminarla mal y solo por cabezonería.

Asegúrate de tener MUCHAS ganas de contar cómo se resuelve la historia. Es la parte más importante de tu estructura, así que pon toda la carne en el asador.

3 – Deja crecer las semillas que has sembrado sin darte cuenta

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¿Esto es lo que viven los escritores de prosa cipotuda?

La escritura brújula es creatividad desatada. A menudo, mientras escribimos, salpicamos creatividad por todas partes y se van formando pequeños charcos. Ya sea en la edición o durante la escritura, no es malo volver atrás para buscar el destino de la historia. No te has dado cuenta, pero en un arranque de genialidad has colocado cimientos para algo que puede revolucionar la historia más adelante, o darle una capa extra de significado que va a quedar estupenda. Esto no es como el punto uno, lo de construir foreshadowing para hechos inesperados, sino descubrir el foreshadowing que has construido sin percatarte. Es como encontrarte un billete de 50 euros en una chaqueta olvidada.

En mi caso, vuelvo al ejemplo de Por una amiga. La decisión final está muy relacionada con el tema del relato, algo que no tenía en mente al ponerme a escribir. ¡Todo lo que quería escribir era True Detective con dos señoras! Pero, a medida que la historia avanzaba y se repetía el mantra, el tema se hacía evidente. Durante el desenlace, mi cerebro hizo “clic” y todo encajó como tenía que encajar.

Si quieres saber más sobre cómo plantar esos frutos y asegurarte de que todos maduren, échale un vistazo a este vídeo (en inglés).


¡Y hasta aquí los consejos de supervivencia! Ahora es cuando te digo algo que te va a interesar. Me he hecho un Patreon.

¿Qué es Patreon?

Es una plataforma de micromecenazgo. Seguro que has oído hablar de Kickstarter y los crowdfundings: la gente dona dinero a un proyecto para que se haga realidad, a menudo comprando o consiguiendo acceso al producto que se ofrece.

Patreon es parecido, pero en lugar de ser una sola donación para un producto en concreto, se busca una relación de mecenazgo estable entre creador y fan. Resumiendo: vosotros me arrojáis dinero a la cara y yo produzco historias.

Ahora mismo, 32 personas me arrojan dinero cada vez que subo un relato a la plataforma. Entre esas 32 ya me pagan 69 dólares (sí, justo 69) por relato, lo que no es moco de pavo. La mayoría dona 1 dólar (menos de 1 euro) para tener acceso al relato del mes. Otros mecenas me arrojan todavía más dinero para acceder a recompensas más sofisticadas, como un “comentario del director” sobre el relato del mes o la capacidad para elegir elementos de lo siguiente que escriba.

rocío vega patreon
Y esto en una semana. Gu-au.

Si estás leyendo este blog, me conoces un poco. Sabes qué tipo de historias escribo y lo que me gustaría hacer. Si te interesa que siga escribiendo y querrías tener un asiento privilegiado desde el que leer antes que nadie, puedes convertirte en mi mecenas por menos de un euro cada 4 o 5 semanas. Con este dinero me estaréis proporcionando una independencia económica que me permita trabajar en mis historias a tiempo completo. Mi felicidad sería tan alta como mi productividad. Arrojadme dinero y yo os arrojaré historias.

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8 comments

  1. Piper Valca says:

    Excelente entrada, Rocío. Soy más de brújula y me parecen muy acertados (además de graciosos) los consejos. Conozco a un par de amigos a los que les gustará. Muchas gracias

  2. Hola,
    He llegado a este artículo porque un amigo lo ha recomendado en el grupo de escritura en el que estoy metida.
    Me han gustado tus consejos porque ha sido como si te hubieras asomado a mi cabeza y conocieras todos mis secretos, jajaja.
    Creo que también soy una escritora híbrida que se va más hacia la brújula, pero las cosas siempre, siempre se me van de las manos. Por otra parte estoy como tú, no puedo sentarme a trabajar en escaletas o esquemas (largos) porque me aburren y pierdo interés. Necesito lanzarme a escribir casi sin reflexionar, no me da miedo reescribir, ni corregir, ni ir atrás y adelante. De hecho, en la historia en la que estoy trabajando ahora, he tenido que hacerme una lista de detalles que tengo que añadir en los primeros capítulos para que todo tenga coherencia.
    Me alegra saber que hay gente profesional (porque yo no lo soy todavía) que tiene una sistema parecido al mío para trabajar. Así no me siento tan loca, jajaja.
    Gracias por compartir tus conocimientos.
    Saludos

    • Rocío says:

      Si eres brújula te tiene que gustar el proceso de edición o estás perdida. Pero, aunque sea el doble de trabajo y algo farragoso, es un sistema de trabajo que me gusta.

      Gracias a ti por leer 🙂

  3. Mari Carmen Caballero Álvarez says:

    ¡Hola! Tu artículo, que ya es un poquito mío, me encanta. El método personal hibridado que describes se ajusta a la práctica que yo saco adelante con una precisión intocable.
    Comencé a escribir micros, salté al cuento y del cuento al relato manejando dicha disciplina, ya que era lo que de verdad me funcionaba. Partiendo de una idea bien perfilada como epicentro de la historia, plasmaba el principio y el final, hasta que iba interconectando e hilaba —hilo— la trama. Publiqué artículos también, pero eso exige otra técnica.
    Hace no mucho, después de pensarlo y repensarlo incursioné en el género de novela. Comencé insegura, ya sabes, la narración larga, uufff… el plato fuerte. Un muro.
    Y solo con el antedicho procedimiento hibridado he conseguido sacarla adelante. Lo contrario me cerraba espacio, no daba yo todo lo que tenía. No la tengo terminada, pero se difumina ya la dicotomía ¿podré? ¿no podré? La bestia negra siempre al acecho.
    A menudo suelo leer lo contrario en numerosos artículos relacionados que presentan a la escaleta como la panacea. Y acierto a pensar: está claro que a nivel de pautas previas a la obra, aquellas que quedan luego detrás del telón, uno ha de encontrar su propio camino. Admitiendo que es positivo documentarse, leer artículos de la talla del que expones, tanto si son coincidentes como si no, ayuda mucho a definirse.
    De verdad, un valioso documento el tuyo, un hallazgo para mí. Sigue así. Me quedo por tu blog, Rocío. Un abrazo.

    Mari Carmen Caballero Á.

    • Rocío says:

      Las escaletas ayudan, sin ninguna duda. Pero para algunos no son una herramienta indispensable, sino más bien un obstáculo a la hora de dejar fluir la historia. Lo que más me ha costado escribir ha sido lo que tenía muy planeado y cerrado; las piezas rechinaban unas con otras y los personajes se quejaban. Siempre acabo improvisando cosas y descubriendo otra historia diferente dentro de la historia.

      ¡Espero que disfrutes de tu estancia en el blog, Mari Carmen, y gracias por leer!

  4. Nicolás says:

    Creo que la esencia del artículo está en este fragmento:
    “Aunque tenga resúmenes de los capítulos y conozca la trama casi al dedillo, tiene que haber un resquicio de misterio para que los engranajes de mi cerebro se pongan en marcha”.
    No puedo seguir leyendo un libro si no me causa curiosidad. Igualmente tampoco puedo escribirlo si la historia no es capaz de sorprenderme a mi mismo.

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