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Cuando la propia autora publicita su libro así, sabes que tiene que molar.

Por qué solo me apetece escribir personajes femeninos

Hace unos meses envié el penúltimo borrador de mi novela de baja fantasía a mis lectores cero. Por si te lo preguntas, les gustó mucho y tan pronto como tenga tiempo aplicaré los cambios para lanzarme a la aventura de la autoedición, pero no es de eso de lo que va esta vaina. Resulta que envié un cuestionario con varias preguntas para que los lectores beta respondieran. Una de ellas era: “¿Qué te parece la representación de minorías?”. Cuando mi amigo Rafa de la Rosa me reenvió su cuestionario, su respuesta era la siguiente:

“¿Qué minorías? ¿Los hombres?”

Me reí mucho con su respuesta porque es más o menos cierta. En esta novela, casi todos los papeles principales los desempeñan mujeres. Todos los hombres pasan el test de la lámpara sexy y el importantísimo (no) Bechdel inverso, y uno hasta tiene un arco dramático solo para él.

Estas son las únicas lámparas sexy que no tuvieran piernas de mujer que he encontrado en Google. Digo.

Pero entiendo que, para un paladar acostumbrado a las historias de Jose el matadragones, con Luis el enano, Paco el elfo y Gervasio el tirano (¡y Romualda como interés romántico de Jose!), Guerreros del sol parezca un desierto de masculinidades. Los lectores se rascan la cabeza porque sienten que hay algo raro. Esto no va como debería.

(Pues esperad a que se lean La Compañía Amable.)

Hay gente que no escribe apenas personajes femeninos porque no sabe. Las mujeres son criaturas legendarias a las que tener respeto. Su manera de vivir es definitivamente opuesta a la manera de vivir normal (o sea, a la manera masculina) y sus personalidades resultan alienígenas. Las aventuras que se les ocurren no podrían ser vividas por personajes femeninos, porque los personajes femeninos necesitan aventuras femeninas, no aventuras por defecto (o sea, aventuras masculinas).

Bueno, yo sé escribir personajes masculinos. Me atrevo a decir que todas las escritoras sabemos, porque es imposible no saber: un porcentaje mayoritario de las historias que consumimos están escritas por y para hombres. Hemos vivido el viaje del héroe mil millones de veces. Lo extraño es el viaje de la heroína.

Mis primeras novelas estaban protagonizadas por hombres, o por hombres y mujeres. En aquella época todavía me resistía a la idea de eliminarlos de la ecuación, mientras que lo contrario me parecía plausible. Aún no había leído Y: el último hombre para sorprenderme y horrorizarme a mí misma al pensar en lo mal que funcionaría un gobierno (o una compañía de teatro, o un submarino nuclear australiano) sin un solo tío para dar su opinión.

¿Una milicia civil que intenta socavar el orden e imponer su gobierno? ¿Esto no lo hemos visto ya, pero con tíos?

Y un día, no sé cuándo exactamente, empecé a darle prioridad a la presencia, agencia y protagonismo de mis personajes femeninos. No fue una decisión del todo consciente: me limité a hacer lo que me apetecía. Las mujeres haciendo cosas se convirtieron en legión, por todas partes, todo el tiempo.

  • Al dar prioridad a los personajes femeninos, me obligo a escribir muchos tipos de mujer diferentes. Si quiero vestir mi historia, es imperativo.
  • Al no estar relegadas a la voluntad de los personajes masculinos, mis chicas pueden brillar de muchas maneras, no solo en sus roles típicos de sanadoras y protectoras.
  • Al no incluir siempre personajes masculinos como una parte vital de la trama, subvierto mis expectativas y las de los lectores.
  • Al tener una primera línea de personajes femeninos, debo explorar las relaciones entre mujeres a muchos niveles: familiar, romántico, amistoso, militar, religioso, laboral…
  • Al representar a tantas mujeres, debo evaluar mis creencias. ¿Estoy reproduciendo estereotipos chungos sin darme cuenta? ¿Cómo puedo evitarlo?

Claro que esto tiene sus desventajas. Sin duda, llegará el momento en que alguien considere que la falta de personajes masculinos en posiciones destacadas es un defecto, igual que ha habido y habrá críticas sobre la enorme cantidad de personajes LGBT+ que pueblan mis textos.

Habrá gente que no quiera leer mis libros porque serán libros de chicas, no unisex. Habrá gente que dirá que algunas mujeres de mis historias parecen hombres, que han decidido imaginarlas como tales porque no pueden hacerlo de otra manera. Porque no hablan o actúan como hablan y actúan las mujeres que han leído hasta ese momento. Y no me estoy poniendo en lo peor: he leído afirmaciones así en reseñas de The stars are legion, la novela sobre mujeres en el espacio de Kameron Hurley (leed a Kameron Hurley).

Esto no es The stars are legion, pero se le parece un poco. Bueno, creo que no. Pero el cómic está muy bien.

Y… la verdad es que estoy bastante bien con ello. Porque cuando alguien levanta la voz para plantearse el modo en que escribimos ficción, otros tantos la elevan para clamar “¡censura!” y hablar sobre la libertad creativa y lo importante que es que cada uno escriba como quiera. Cuando alguien comenta que tal o cual autor no suele escribir personajes femeninos alejados del canon, no faltan lectores que señalan al único personaje femenino con agencia de una saga de 100.000 páginas como mesías y salvadora de la literatura equitativa.

Vale.

Uno de mis betas me dijo, “como varón blanco heterosexual”, que en el siguiente libro de la serie podía poner un varón blanco heterosexual que acabase bien, para variar.

Pero es que hay tantos en otras novelas que no veo la necesidad de que yo lo haga.

Que igual lo hago. Eventualmente. Pero bah, tiene pinta de que no lo haré en un tiempo. No me apetece contar las historias de varones blancos heterosexuales. No lo necesito. Basta dar una patada a una piedra para que salgan tres historias como esas, y otros tantos escritores que se resisten a cambiar el chip porque no pueden, no saben o no les apetece.

Yo puedo, yo sé y… no me apetece.

Me quedo por aquí, a mi aire. Y creo que no voy a estar sola.

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12 comments

  1. Paula says:

    Hola, Rocío. Nunca te he escrito nada por acá, aunque leo esporádicamente tu blog, así como el de las otras tripulantes.

    Me he animado a escribirte ahora para contarte una reflexión personal que puede conectar con lo que aquí señalas.

    Hace ya un tiempo, llegué a pensar que no solía escribir muchos personajes masculinos porque no entendía bien a los hombres y porque me interesaban bastante poco. En general, me parecen criaturas extrañísimas e inefables, un poco como seguramente muchos hombres deben considerarnos a nosotras. Sin embargo, ahora creo que me pasa eso con cierto tipo normativo y estereotipado de hombre, que no tiene por qué ser el objeto o destinatario de mis ficciones, del mismo modo en que la mayoría de mis mujeres, así como las veo, tampoco calzan del todo con algunos modelos convencionales. Así que me estado animando a escribir más personajes masculinos, pensando en los hombres valiosos que he conocido en mi vida, en los personajes de otras obras que han podido conectar profundamente conmigo y en diversos modelos de masculinidad que me gustaría explorar. Me gusta pensarlo como un desafío, algo que en mi caso no veo como excluyente del desarrollo de personajes femeninos interesantes.

    Quizá en eso las lectoras y autoras tengamos una curiosa ventaja: hemos crecido leyendo tantas obras protagonizadas o dominadas por personajes masculinos, como señalas, que no sólo tenemos la facultad (¿la responsabilidad?) de trabajar más y mejor a los femeninos, sino también introducir nuevas visiones críticas de aquellas sosas masculinidades, que se condigan con la evolución y diversidad de las mujeres en la ficción. Al fin y al cabo, la ficción nos permite explorar y reconocer a nuestro “otro” y verlo como “uno”. No sé si haya escritores varones que estén intentando esto, pero al menos yo lo considero importante.

    Bueno, en esas cosas he estado pensando últimamente.

    Cariños.

    • Rocío says:

      ¡Hola, Paula! Encantada de verte por aquí.

      En efecto, explorar a los personajes femeninos no implica que haya que abandonar la exploración de los personajes masculinos y de las otras masculinidades (el personaje con el arco propio de mi novela de fantasía es mi intento, y estoy bastante contenta porque todos los lectores suelen adorarlo, sin importar el género).

  2. Elena says:

    A mí me mola cada vez más escribir mujeres, la verdad. De hecho creo que entre lo terminado, las ideas y las cosas a medias que he escrito últimamente… las protagonistas son mujeres. Y no se me hace raro, creo que se me haría más raro escribir hombres. Que los meteré o protagonizarán (o co-protagonizarán) historias, pero ya procuraré que no sea lo típico de siempre. Es que hacer cosas que no sea “lo de siempre” resulta la mar de divertido, al menos para mí.

  3. Gabriella says:

    Cuando alguien me preguntó por qué solo parecían salir personajes LGTB en Lectores aéreos, le pregunté por qué solo parecen salir personajes heterosexuales en todas las demás historias que me encuentro. Y es que no hay mucho más debate sobre el tema, sospecho, por muchas vueltas que le demos.

    Sobre el sexo de los personajes, no he vivido el proceso de la misma forma que tú. Mis personajes siempre han sido femeninos, por muchas de las razones que indicas y porque, simplemente, me gusta más (y porque es una manera de representar mis propias preocupaciones y especulaciones como mujer). A veces escribo hombres como reto personal, para salir de la famosa zona de confort y tal.

    Me gustan las razones que das, supongo que porque se parecen a las mías. Por cada lector que se queja de que ahora los libros “están llenos de minorías”, Zeus estrangula un pingüino 😉

    • Rocío says:

      Y por eso Lectores aéreos mola tanto. Porque son historias que podrían pasarle a heteros, pero con gente LGBT. Y no hay nada en esa frase que no me atraiga más que los hombros de Lucy Lawless.

      Es apasionante ver cómo cambian las percepciones. De tener el 100% han pasado a tener el 95 o el 90… ¡y ya se acaba el mundo!

  4. Cristina Domenech says:

    “Jose el matadragones, con Luis el enano, Paco el elfo y Gervasio el tirano”

    ¿No querrás decir Mones el matadragones, Mengano el enano, Adelfo el elfo y Mariano el Tirano?

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